El triunvirato venezolano

 

Ya la espuma de la euforia que provocó la operación de ¿Secuestro? ¿Arresto? ¿Extracción? Quizás esta última acepción es la menos inconveniente, así que con ella nos quedaremos, se esbafó. El caso es que pasadas menos de 72 horas, las que en España se puede mantener a un arrestado sin presentarlo al juez, hasta la comparecencia en el juzgado de Manhattan empieza a parecer algo lejano. Ya estamos en el hoy de Delcy, para nosotros españoles, la Maletera, como presidente de Venezuela. Con muchos mohínos, sí, en su proclamación, pero presidente, al fin y al cabo.

Su situación política, sin embargo, nos recuerda la de situaciones pasadas, históricas, pues, en realidad, con Delcy como cabeza visible, lo que nos encontramos es un triunvirato formado con Vladimir Padrino, el general ministro de Defensa, que controla las Fuerzas armadas bolivarianas, que como se pudo observar poco o nada tienen que hacer, pese a su parafernalia armamentística comprada a la Rusia de Putin, ante una fuerza como la del gran Leviatán yanqui, pero sí que sirven para amedrentar a las amenazas internas al chavismo, o a su patrón, y, en la otra esquina del triangulo, a Diosdado Cabello, un perfecto patán, compañero de Chávez desde los primeros días, y hoy ministro del Interior, y controlador no solamente de la policía sino también de los llamados “colectivos”, fuerzas irregulares nacidas del lumpen caraqueño, antes de su reconversión conocidos como Malandros, y ahora organizados y armados por el régimen. Sin olvidar al hoy famoso Tren de Aragua, la versión camorristica internacional fomentada por el régimen y también con lazos con Cabello.

La historia de los triunviratos nace con el primero en la República romana, formado por Cesar, Pompeyo el Grande, y el gran Craso, y que acabó a cuchilladas y la prevalencia del inmortal Julio, hasta que en los Idus de Marzo lo desangraron. El segundo fue cosa de su sobrino/hijo Octavio Augusto, su lugarteniente Marco Antonio, y Lépido, con Cleopatra de por medio, la historia ha dado para múltiples novelas y películas.

Otro episodio lo encontramos con el periodo consular de la República francesa, tras el golpe de Brumario, y con Napoleón como primus entre los tres cónsules, triunvirato, pese a contar con figuras tan importantes como Sieyés y Ducos. El resultado sería el consulado vitalicio de Bonaparte, antes de proclamarse emperador de los franceses.

Lo que tenemos en Venezuela es más complicado porque el Napoleón de Washington pretende rizar el rizo desde la distancia, asegurando la entrada de sus petroleras, pero la sangre de Venezuela es más caliente aún que la española, y allí hay más armas repartidas que en la España del 36. Va a ser una gran historia para contar.

Raúl Suevos

A 6 de enero de 2026

Traducción en asturianu en abellugunelcamin.blogspot.com



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