La única vez que hice caso al señor Iglesias
Era el tiempo en que aún no tenía el respaldo económico de los medios iraníes o rusos, y para difundir su particular evangelio se prodigaba por distintos platós televisivos; supongo que compensación monetaria mediante. Uno de ellos era 24 Horas, cuando lo dirigía Vicente Vallés y mucho antes de que el programa se convirtiese en ejemplo paladino de lo que no debe ser el periodismo de opinión.
Allí, en 24 Horas, se produjo un tenso encuentro que, posteriormente, es posible que fuese causa para que el presentador cambiase de cadena. Y quizás allí fue donde escuche al vecino de Galapagar hablar sobre Juego de Tonos, una serie que yo ya seguía, y de Borgen, otra que puso como ejemplo de enseñanzas sobre la política actual de cualquier país. Lo que me llevó a buscarla y seguirla hasta su desaparición tras cuatro temporadas.
Borgen es el nombre del edificio que en Copenhagen alberga a Parlamento y Gobierno, así como los despachos de sus componentes, que allí desarrollan su actividad sin que haya cuchilladas ni disparos, aparentemente. El eje narrativo es una joven política, líder de un pequeño partido de centro que, por esas cosas de la política se ve dirigiendo un gobierno multipartidista en medio de las intrigas, alianzas, chantajes y traiciones que uno no esperaría de un país que desde el fin de las sagas vikingas ofrece una imagen de tranquilidad y amabilidad.
El caso es que, en un momento dado de la ficticia historia, los guionistas hacen aparecer un enorme yacimiento de petróleo en las costas de Groenlandia, desencadenando las fuerzas independentistas de la isla, el interés de petroleras y potencias varias, y todo un juego político internacional e interno en Copenhagen. Casi como hoy.
Y es que esa zona inhóspita del mundo es objeto de interés desde el S. XV donde nuestros pescadores, particularmente los asturianos, pescan el bacalao desde que las ballenas desaparecieron de nuestras costas, y ahora, cambio climático mediante, pasa a ser más interesante aún, pues por el este la bordea la ya famosa Ruta del Norte, viniendo del Ártico ruso, y por el oeste la Ruta del Noroeste, a través de las costas de Alaska. Rutas que recortan un 50% los tiempos actuales para las mercaderías chinas, 20 días menos. Todo un mundo al que hay que añadir la promesa de Tierras raras en su subsuelo.
Los guionistas de la serie le dieron un final feliz al problema; ahora, con el ogro anaranjado de Washington y sus obedientes adláteres, andamos los europeos, y particularmente los inquilinos de ese Borgen real, palpándonos la ropa. Son tiempos para ir abrigado, y parece que nos pilla sin ropa suficiente. Ye lo que hay.
Raúl Suevos
A 15 de enero de 2026
Traducción en llingua asturiana en abellugunelcamin.blogspot.com
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