El discurso del rey
Este pasado fin de semana tuve la
oportunidad de ver, una vez más, esa gran película, de magnifico guion,
director y elenco actoral. Nos cuenta las tribulaciones del abuelo del actual
rey de los británicos al inicio de su reinado, a cuenta de su tartamudez. El
Colin Firth lo borda.
Aquí también hemos tenido
discurso real, pequeñito, en un modesto acto de inauguración de una exposición
sobre la mujer indígena mejicana en el Museo arqueológico nacional. Un
discursito breve con palabras aclaratorias posteriores en las que el rey
condena el presentismo moral, es decir, el enjuiciamiento del pasado con las
normas morales del presente, algo en lo que, el interés nacionalista de la
actual presidente mejicana y su antecesor, caen sistemáticamente, exigiendo a
España, y particularmente al rey, que se disculpe por, según ellos, los abusos
perpetrados por los conquistadores.
El rey habló de las Leyes de
Indias, el primer tratado de derechos humanos de la era moderna, impulsadas por
la Reina Católica, y después las Leyes Nuevas, que impulsara su nieto, el
emperador Carlos, y asumió que se cometieron abusos, condenables desde nuestra
óptica actual; y creo que también desde la de entonces, como dejaron dicho
Montesinos y De las Casas. Pero, los titulares de prensa, como dijera aquella
memorable espontanea que casi liquida a una comunidad con el cloro, la han
liado parda, por lo de los abusos. Ye lo que hay.
A mi un abuso me parece lo que el
gobierno hace con Su Majestad, pues no hace falta mucha enjundia para darse
cuenta de que la exposición de ayer no era del tipo que cabe esperar la
apertura por el monarca, que iba, creo, como ocurre últimamente, sin acompañamiento
ministerial; ni siquiera el ministrín de Exteriores, que es quien,
posiblemente, se encuentra detrás del movimiento. Y todo para intentar que la
señora Sheinbaun asista a la cumbre hispanoamericana que se tendrá en Madrid el
próximo noviembre. ¡Ay, señor¡
Las palabras del rey, para quien
pierda tres minutos en leerlas, son impecables; y su participación en el acto,
siendo como es la nuestra una monarquía parlamentaria, entra dentro de lo que
es de esperar, aunque no nos guste el gobierno de turno, que aún así es el
nuestro. Y la relación con Méjico no se resentirá más allá de las necesidades
que su gobernante allí tenga; prueba de ello es que Peña Nieto, Calderón o
Salinas de Gortari, expresidentes, tienen casa en España, este último hasta la
nacionalidad adquirió, y, la mujer de López Obrador, no sé si huyendo del
plasta de su marido o por amor a nuestra capital, también se ha instalado aquí.
No temen a los abusos.
Raúl Suevos
A 17 de marzo de 2026

Comments
Post a Comment