Cuando viajábamos en el Shanghai

 

Estamos en plena vorágine informativa en torno al tren, lo cual parece lógico después de 45+1 muertos en apenas tres días, y supongo que a cada uno le vienen a la cabeza recuerdos y experiencias personales, que no tienen por qué ser dramáticas, como las de esta semana. Y en mi caso, quizás por imperativo de lo que señala mi carné de identidad, tengo unas cuantas a mis espaldas.

Y es que yo soy uno de aquellos usuarios del Shanghai, aquel tren enorme, que no recuerdo ya si se clasificaba como Correo o como Exprés, pero que iniciaba su diario periplo en Barcelona, creo que a eso de las 15.00 h, y llegaba a La Coruña pasadas veinticuatro horas. Un tren inmenso, lleno casi siempre, al menos en las fechas pre y post vacacionales en las que yo viajaba, y que era capaz de parar de forma inopinada y misteriosa en medio de la noche y los páramos castellanos, sin que nada ni nadie pareciese perturbar su descanso, que podía llegar a una hora, antes de reanudar la marcha de la misma forma sorpresiva. Una aventura.

Yo lo cogía en Zaragoza, en la vieja estación del Arrabal, también llamada del Norte, en compañía de compañeros cadetes de la General, soldados de las distintas unidades de la plaza, y todo tipo de viajeros, incluyendo familias enteras cargadas de bagajes. Solíamos llevar reserva, lo que nos prometía una acalorada discusión al llegar al departamento, donde alguno era capaz de alojarse en el hueco sobre la puerta y pasarse el viaje durmiendo plácidamente, mientras el resto matábamos el tiempo jugando y bebiendo de lo que previamente a escote habíamos comprado. El pasillo, entre maletas y petates, era mucho peor.

En León, madrugada entrada, y en Navidad con un frio infernal, dejábamos el Shanghai los asturianos, pocos, para esperar al Correo que llegaba de Madrid, con el que seguíamos ruta, ya muy machacados, hasta llegar a Gijón a eso de las nueve. Más de 14 horas después del inicio del periplo. Nunca pensamos en un accidente.

Hoy, tras años de presumir de la mayor y mejor red de alta velocidad, viajamos con miedo, y no lo hacemos por el tren, o por sus conductores, sino por la dirección responsable de la organización, en la que el mantenimiento, aparente culpable de los últimos accidentes, nos lleva a dudar del conjunto del sistema. Y son los maquinistas quienes nos alertan.

Unos maquinistas, sindicados al 90% en un sindicato sin subvenciones, sostenido con sus cuotas, y mayoritario en RENFE, que nos dicen que van a la huelga en febrero, por su seguridad y por la nuestra, actualmente mucho más precaria que en tiempos del Shanghai. Ye lo que hay.

Raúl Suevos

A 22 de enero de 2026

Traducción en asturianu en abellugunelcamin.blogspot.com 


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