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Majestad, traíganos de vuelta al Rey

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  Estos últimos días apenas se habla de Begoña, no; ni de su cuñado, el hermanísimo; y no se produce esta ausencia de noticias porque el iter judicial se haya detenido, que no; no se habla de ellos porque hay asuntos más importantes que tratar, y que llevan nuestra atención hacia otros ángulos o rincones del día a día que impiden que nos acordemos de la familia de Pedro Sánchez. La última sacada de la chistera de nuestro presidente de gobierno ha sido la desclasificación parcial de los archivos del 23 F, es decir, de la asonada o intento de golpe de estado de 1981. Un evento que, si estudiamos lo que nos cuenta Curzio Malaparte en su “Tecnica del colpo di stato”, tuvo mucho de alambicado y, al tiempo, de astracanada, pero que, en cualquier caso, pudo acabar enviando a la papelera histórica nuestro incipiente estado democrático y representativo de entonces. La idea, a lo que parece, para el del Manual de resistencia, consistía en distraer la atención del personal, demasiado in...

Allá por el monte Barro

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  En cada rincón de Italia existe la posibilidad de llevarse uno una sorpresa, generalmente agradable, y muy a menudo extraordinaria, sobre todo si se trata de naturaleza y lugares; y hoy tocaba visitar el monte Barro, una montaña de cierta altura, 920 mts, que tiene la particularidad de alojar en su parte superior una antigua ermita que hoy está transformada en centro de naturaleza y excursionismo, y se la conoce como Eremo Monte Barro, en el cordal que separa la zona de los lagos de Lecco, espectaculares, y los de Galbiate, no menos esplendidos, y villa esta última donde reside el grande Adriano Celentano desde hace ya bastantes años. El monte está cubierto de exuberante vegetación, entre la que destacan las masas de castaños, hoy cargados de oricios y a punto para su recogida, y mientras ascendemos por la sinuosa y estrecha carretera, escenario habitual de los muchos ciclistas aficionados que pululan por la zona, observo los carteles que señalan las diversas rutas para senderist...

La cuestión palestina se desmadra.

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  Paso unos días en Lombardía visitando a la familia y por muy poco me libro de situaciones accidentadas en la ciudad de Milán. Primero con la huelga general y manifestaciones convocadas por la izquierda y sindicatos para protestar por la destrucción, de todo tipo, causada por el Ejército israelí en Gaza, y que, en la capital milanesa, desembocó en una batalla campal y asaltó a la bellísima Estación central de la ciudad, obra, por cierto, de Benito Mussolini y a la que los italianos no han cambiado ni una lámpara. Escenas caóticas y preocupantes. El día después, un nubifragio -así llaman allí a lo que en Asturias conocemos como nuberu- soltó tanta agua en tan poco tiempo que el río Seveso abandonó su cauce, inundando parte de la ciudad y de la provincia. Ye lo que hay, tiempo y manifestaciones suelen ser incontrolables. Mientras tanto Meloni andaba por Nueva York, por aquello de la Asamblea anual de la ONU, y como a ella le van bien las encuestas electorales, no como a otros, ...

Bardella y el Primer cónsul

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  El 18 de brumario, o lo que es lo mismo, el 9 de noviembre de 1799, Napoleón Bonaparte se convertía en Primer Cónsul tras dar un golpe de estado, que Curzio Malaparte describe magistralmente en su obra “Técnica del colpo de stato”. El corso magnífico tenía sólo 30 años y venía de una fulgurante trayectoria militar que había comenzado en el cerco de Tolón; una de las pocas escenas salvables en la decepcionante película de Ridley Scott, que como buen inglés sólo se preocupó de parodiar la figura del Emperador. Utilizar la figura de Napoleón para hacer comparaciones es siempre peligroso, pero las fechas están ahí, y también las obras, pues si bien la mayoría lo relaciona con el genio militar, la realidad de su magisterio, se encuentra esculpida en mármol en la planta baja de su tumba monumental en los Inválidos, en París, y me viene a la memoria el Código napoleónico, fuente de nuestro derecho civil; la escuela nacional, aún hoy vigente en Francia; el banco de Francia, y otros m...

Gijón y las Fuerzas Armadas

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  Apoteosis patriota, al menos eso es lo que a primera vista parecía la atestada fachada marítima gijonesa en el día de ayer, aunque con llamativa ausencia de banderas de España, ye lo que hay. Día de las Fuerzas Armadas, brazo armado de la nación, que en este bendito 2024 ha decidido traer su presencia física a nuestra Asturias. Ayer en Gijón y hoy en Oviedo; ayer con revista naval y desfile aéreo, más exhibiciones dinámicas en la playa de San Lorenzo; y hoy en la capital del Principado con desfile militar, todo ello con exposiciones en la capital y   visitas a buques en el Musel. Una semana casi completa. Un empujón a la Cultura de defensa, tan necesitada ella. En Gijón, presidido por Su Majestad, y para pasmo de grandes y pequeños, especialmente los niños, que no sufrirán ningún trauma infantil por ello, disfrutamos de la presencia masiva del portaaeronaves Juan Carlos I, buque insignia de nuestra Armada, con hermanos construidos para otras flotas allende los mares, como ...

Asco y vergüenza en Marsella

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  Es Marsella una ciudad particular, bellísima con todo su sabor portuario mediterráneo, añejado durante miles de años, cuenta hoy con una de las mayores poblaciones de origen norteafricano de toda Francia, árabes, les dicen allí para evitar decirles moros, palabra que existe en francés pero se considera políticamente incorrecta. Ye lo que hay. El equipo de futbol, el Olimpique, es uno de los clásicos del país, pero tiene una afición insoportable, tanto que Marcelino, el excelente entrenador gijonés, los dejó tirados no hace mucho, harto de las presiones inaceptables de unos seguidores catalogados como los más violentos del país. Este domingo jugaba el Lyon y le reventaron a pedradas las lunas del autobús a su llegada, y al entrenador la cara con una lata de cerveza, llena. Un desafuero que llevó a la suspensión del partido previsto y a que l’Equipe, el periódico deportivo parisino llenase su primera página con un enorme “Asco y vergüenza” que no deja duda alguna sobre los sent...

Latores

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  No es un pueblo, sólo una parroquia a la salida de Oviedo, camino de Mieres. Unas cuantas casas en medio de un paisaje de prados, con un viejo palacio y una hermosa ermita dedicada a santo Tomas. Con muy buena gente, según me cuenta mi amigo Urbano, que siempre la tiene en boca, pero, más allá de eso, nunca hubiésemos sabido de ella sino llega a ser porque el rey Juan Carlos le otorgó el título de conde de Latores al jefe de su Casa real, el general Sabino Fernández Campos, cuando decidió despedirlo. Un asturiano cabal y concienzudo que, además de las competencias inherentes al cargo, cumplía la labor de ser el pepito grillo de su egregio jefe, lo que lo mantenía, en cierto grado, a salvo de caer en las típicas borbonadas que jalonaron el final de su reinado. Y es que, desde los tiempos de Julio Cesar, es sabido que hace falta que alguien le recuerde a los purpurados que son simples humanos. Ye lo que hay. Es, al parecer, algo connatural con el poder, y en el caso del palacio d...

Monza, la del Gran Premio

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    Confieso mi gran desconocimiento sobre las características y detalles de esta ciudad. Ni siquiera  tenía clara su ubicación, más allá del hecho de encontrarse en Lombardia, en el antiguo milanesado.  Para mí era la sede de unos de los dos grandes premios de Fórmula uno de los dos que se celebran en Italia cada año; el otro es Ímola. Y siempre he pensado que se trataba de una pequeña villa a un circuito pegada. Ni siquiera que el inefable Silvio Berlusconi, vecino del pueblecito de Árcore en su villa dieciochesca, aquella famosa por las fiestas del Bungabunga, hubiera comprado el equipo de fútbol y en tres años lo ascendiera a Primera división, ni siquiera eso sirvió para que yo modificase mi ignorante opinión sobre esa pequeña ciudad. Desde Milán, en Cercanías, son apenas unos minutos, y nada más dejar la estación, que se encuentra pegadita al centro histórico, uno percibe rápidamente, por el empaque de sus construcciones, que se trata de una ciudad a la vez anti...

Le Giubbe rosse

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  Cuando vivía en Florencia acostumbraba los sábados a media mañana a comprar en piazza Repubblica el único diario que llegaba de España, en aquellos tiempos la prensa digital aún estaba en mantillas. Después solía sentarme en la terraza de uno los más clásicos establecimientos de la ciudad, Le Giubbe rosse, a tomar un café expreso, que en aquel entonces acompañaban con una mínima pieza de chocolate sin azúcar. Una delicia mientras iniciaba la lectura. Allí descubrí lo que había detrás de aquel nombre, Los camisas rojas, el apodo que, por el humilde uniforme del que se dotaron, identificaba a los voluntarios de toda Italia que acompañaron al insuperable Giuseppe Garibaldi durante las épicas jornadas del Risorgimento italiano, o lo que es lo mismo, las guerras de liberación y unificación de Italia. Viene esto a cuento de que el Milán de los sábados, actualmente, es insufrible, pues a las masas de turistas se unen los propios italianos, que también tienen derecho, y, como los foraste...