Majestad, traíganos de vuelta al Rey
Estos últimos días apenas se habla de Begoña, no; ni de su cuñado, el hermanísimo; y no se produce esta ausencia de noticias porque el iter judicial se haya detenido, que no; no se habla de ellos porque hay asuntos más importantes que tratar, y que llevan nuestra atención hacia otros ángulos o rincones del día a día que impiden que nos acordemos de la familia de Pedro Sánchez.
La última sacada de la chistera de nuestro presidente de gobierno ha sido la desclasificación parcial de los archivos del 23 F, es decir, de la asonada o intento de golpe de estado de 1981. Un evento que, si estudiamos lo que nos cuenta Curzio Malaparte en su “Tecnica del colpo di stato”, tuvo mucho de alambicado y, al tiempo, de astracanada, pero que, en cualquier caso, pudo acabar enviando a la papelera histórica nuestro incipiente estado democrático y representativo de entonces.
La idea, a lo que parece, para el del Manual de resistencia, consistía en distraer la atención del personal, demasiado interesado en las cuitas familiares y otras del inquilino de la Moncloa, y llevarlo a otros rincones más, aparentemente, apetecibles para el mercadeo de cuentos, cuentetes e historietas; algo que, si además pudiera implicar a la Corona, resultaba doblemente interesante.
El rey Juan Carlos es, actualmente, un blanco fácil. Su flojedad en asunto de bajos es proverbial, como la historia dice que sucede con los borbones, y cuesta poco condenarlo por sus debilidades amatorias, olvidando que en su tiempo una de las máximas figuras del gobierno mantenía doble familia, y alguno aplaudía su hombría. Ye lo que hay.
En temas económicos lo hemos denostado por cobrar comisiones por gestiones que trajeron riqueza y puestos de trabajo para nuestra nación, olvidando que nuestra monarquía, a diferencia del resto de Europa, fue despojada de sus propiedades a lo largo del siglo XIX y XX. Ahí están el Prado y las colecciones reales para recordárnoslo.
La realidad es que el rey Juan Carlos heredó una monarquía absoluta que él, discrecionalmente, decidió mutar en un sistema democrático de carácter representativo; el que hoy disfrutamos, o sufrimos, según se mire. En todo caso, el 23F supuso un hito histórico que, por diferentes motivos, aún sigue dando que hablar, y que, con la desclasificación de ayer, realza un punto más, la ya fundamental figura del Rey.
Hoy en España ya no quedan ideologías, sólo intereses. Los partidos más antiguos del escalafón son irreconocibles, y son los tweet y exabruptos del día los que marcan la agenda política, pero una nación con una historia como la nuestra no puede permitirse que alguien como el Rey se muera lejos de España. Y su hijo tampoco.
Raúl Suevos
A 26 de febrero de 2026
Traducción en llingua asturiana en abellugunelcamin.blogspot.com
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