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En Cuba no llueven iguanas

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  Pudiera parecer una noticia por ausencia u omisión, puesto que, en la vecina Florida, atenazada estos días por un viento gélido del Norte que hace bajar las temperaturas hasta extremos poco usuales por aquellos pagos, los periódicos han abierto con la información de la lluvia de iguanas, suceso que, por inhabitual, aunque no único, se convierte cada vez que sucede en noticia de primera página. Y es que allí, en Florida, las iguanas son bastante abundantes, ya que, inofensivas, han alcanzado en algunos casos estatus de animal de compañía, y por ello, cuando las temperaturas bajan más de lo que el cuerpo de los animalitos, de sangre fría, puede soportar, las iguanas se defienden entrando en hibernación repentina, lo que unido al hecho de que la mayoría son de la rama arborícola de la familia hace que, de golpe, se vayan cayendo de los árboles, para susto y sorpresa de más de uno. En Cuba también hay iguanas, pocas, dicen que el grueso de la población se convirtió en primer plat...

No hay remplazo, pero hay peligro

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  Parecía que las oleadas de indignación popular que los “sucesos” de Gaza provocaron, orquestadas por la izquierda regresiva, habían pasado a mejor vida tras la finalización de los combates sobre el terreno y la subsiguiente tratativa para el intercambio de rehenes y cadáveres de una y otra parte. Ahora se había entrado en la etapa de las elucubraciones urbanísticas de la mano del yerno del ogro anaranjado. Algo más prosaico, aunque menos sangriento. Allí cerca, en la vecina Siria, ahora bendecida con una visita a la Casa Blanca de su líder, yihadista islámico reconvertido en estadista, las cosas de la política aún están lejos de apaciguarse, pues entre el cobro de la “justa” venganza contra la etnia de los Assad, hoy sometidos a parecida persecución a la que ellos perpetraron, también se trata de “recolocar” a los peshmergas kurdos, empujados hacia el norte por las fuerzas de Damasco y abandonados por sus “padrinos” yanquis. Cosas del petróleo. Ye lo que hay. Y ahora, al pa...

Ruptura o transición

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  Siempre me dio envidia Davos, no por la gente importante que allí se reúnen todos los inviernos para explicarnos por donde van las cosas del mundo, sino por las maravillosas pistas de esquí de las que dispone. Mi realidad me dejó siempre en las pendientes de Cerler, que tampoco está nada mal. El caso es que, un año más, esa reunión de poderosos tuvo lugar la semana pasada y ya sus ecos, incluso los desbarres del ogro anaranjado, se han disipado en medio de la tormenta de noticias que cotidianamente nos asalta. Pero este año hubo una intervención que, el tiempo lo dirá, tiene base para pasar a la historia. Fue la del señor Carney, primer ministro de Canada que sustituyó al guapo Justin Trudeau -del que casi nadie se acuerda- y que, desde su llegada ha tenido que lidiar en la vanguardia, por aquello de la cercanía, con las embestidas de Trump. Y entre avances y retrocesos, como suele ocurrir con el marido de Melania, ha logrado hacerle frente y aglutinar tras él a la mayor pa...