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Ensayando en el aire

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  Me ha pillado volviendo a casa, y me he quedado tan estupefacto que he perdido la oportunidad de sacar el teléfono y grabarlo. Hablo del A400, el avión de Airbus que participará el domingo en “nuestro” festival aéreo, y subrayo lo de nuestro porque, aunque seamos una ciudad marítima, la realidad de los 300 mil espectadores que cada año alcanza el evento lo convierten en algo muy de casa, como la Semana Negra, la afortunadamente recuperada Feria taurina, o la Soledad/Remedios de Cimavilla. El caso es que el A400, un aparato impresionante, por tamaño y capacidades, es capaz, visto lo de esta mañana, de maniobrar casi como el viejo Hercules, al tiempo que transporta mucho más que aquel, y a mucha más distancia, otorgando a nuestro Ejército una capacidad de proyección antes inexistente, e imprescindible para los tiempos actuales. Cuando acaba sus evoluciones sobre el arenal de San Lorenzo no puedo evitar pensar, con envidia, en las muchas peticiones de compra que la actual situ...

Homero, Nolan y el Cid

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  Siempre que tengo oportunidad, de la mano de alguna reposición en cadenas secundarias, aprovecho para volver a ver a Heston y la Loren haciendo de Rodrigo y Jimena. Me encanta el Cid, y, pese a ello, no puedo evitar preguntarme que hubiera hecho el Ridley Scott de los tiempos de Gladiator con esta golosina en forma de guion que representa la vida del Campeador. Una vida envuelta en papel de mito, adornado con celofán de epopeya, que, en su mayor parte, nos llega a través del Mio Cid, de autor desconocido y con base en el romancero popular, dicen, y en el que, en el pasaje de Santa Gadea, las Juras, ponen en boca del Cid una imagen deplorable de los asturianos: “Que te maten asturianos, que non sean castellanos”, y ello pese al origen tramontano de su dama. La Carisa y la Mesta, difíciles vías logísticas históricas del país, por donde entraron romanos y sarracenos, siempre nos han dejado apartados de las sedes del poder; donde se hilvanan los trajes del relato, y así nos va, a...

Los franceses del Tour

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  Lo más parecido que tenemos al humor inglés en España lo encontramos en Galicia; quizás por aquello de que, con un gallego, dicen, nunca se sabe si va o viene. Nosotros, vecinos desde hace ya muchos siglos, primeros peregrinos históricos por ese Camino Primitivo que ahora parece ganar la fama que siempre debió corresponderle, nunca acabamos de pillarlos del todo, y eso que, en el mando de la nación llevan ya unos cuantos representantes; pero aún así casi siempre nos sorprenden. Como don Mariano. Hoy ha vuelto a hacerlo. Con razón, porque, interesadamente creo, ayer le dieron unos cuantos palos, muchos de ellos intencionados, como esa excusatio non petita del presidente Sánchez al primer ministro francés. Y es que la socarronería del más famoso registrador de la propiedad es proverbial, y, visto lo visto, parece inagotable. El caso es que su referencia a los orígenes de los miembros de la selección francesa parece haber levantado oleadas de indignación en muchos rincones de Es...

El deslenguado Mariano

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  Hace veinticinco años andaba yo por la capital de Francia. La Guardia Real desfilaba allí el 14 de julio como invitada de honor, bajo la presidencia de Jacques Chirac, presidente de Francia, y los Reyes de España, Sofía y Juan Carlos. Y yo fui enviado allí como oficial de prensa de la unidad, lo que me procuró un cúmulo de experiencias particulares, entre las que guardo como principales la visita al interior de los Inválidos, subiendo a la linterna de la cúpula, con unas vistas excepcionales sobre el famoso Tombaeu de Napoleón y el centro de la ciudad, y, sobre todo, el inicio de amistad con Emmanuel, capitán de la reserva francesa entonces y abogado en la corte de París. Estos días, como todos los años, también se preparan allí, creo que lo hacen desde 1880, para su fiesta nacional, aunque el desfile, seguramente, es más reciente. El caso es que, en esta ocasión, también coincide con el mundial de futbol, y más precisamente, ese mismo día, con el partido semifinal entre Franci...

Pensamiento grupal en el Kremlin

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  Los sociólogos dan definiciones más o menos elaboradas para ese concepto, el del pensamiento grupal, pero la forma más visual de entenderlo es, quizás, la película La Caída, de 2005, que algunos traducen también como El Hundimiento, en la que se retratan los diez últimos días de Hitler en su bunker de Berlín, y en la que se observa cómo el grupo de rodea a un líder, al que llegados a ese punto se teme como al demonio, aunque al principio fuera idolatrado, no son capaces de enmendar la plana en ninguna de las decisiones que toma, y, aún más, ni tan siquiera se atreven a presentarle la realidad que las informaciones llegadas al centro de poder están describiendo. Ese pensamiento grupal suele darse en el entorno de líderes extraordinariamente fuertes, y a casi todos les vendrá a la cabeza el actual gobierno yanqui dirigido por ese ogro anaranjado que a todos nos lleva de cabeza. En el entorno próximo cabría preguntarse hasta qué punto en el palacio de la Moncloa no impera tambié...