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La OTAN en Turquía, cerca de Atenas

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  Llevamos varios días hablando de la cumbre anual de la OTAN, en esta ocasión en Ankara, en el altiplano anatolio, es decir, bastante lejos del Mar Egeo, el que fuera el terreno de confrontación, hace muchos siglos, de las grandes potencias de la época, Esparta y Atenas, pero que, quizás, convenga recordar. El mundo griego, que no el helénico, se vino abajo tras la guerra del Peloponeso, aquella que se inició porque uno de los contendientes cayó en lo que desde entonces se conoce como la Trampa de Tucídides, el autor de la historia de ese conflicto, y él mismo uno de los protagonistas políticos en cuanto que opositor de Pericles en la mismísima Atenas. Tras las famosas guerras contra los persas, recuerden las Termópilas, Maratón o Salamina, el mundo griego se organizó en dos ligas de ciudades, la una de carácter marítimo, liderada por Atenas, y con claros designios imperialistas, algo que manifestaba con el poder de su flota y la subyugación de sus asociados que debían aport...

¿Arderá Paris?

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  El verano de 2006 me pilló finalizando mis dos años de destino profesional en la capital de Alsacia, Estrasburgo; una región que recibe millones de turistas cada año por los indudables atractivos, en diferentes áreas y dominios, que atesora. La ciudad es sin duda el principal aliciente de la región, y, en ella, la conocida como la Gran Isla, su barrio antiguo rodeado por grandes canales, con su gigantesca catedral gótica, es el faro que atrae miríadas de insectos disfrazados de turistas. En ese panal de miel, con forma de almendra, encontramos la Plaza Kleber, cuadrangular, con hermosos edificios de factura medieval los antiguos y prusiana los modernos, y, dominándola, la estatua de aquel general alsaciano al que Napoleón dejó abandonado en Egipto, cuando los hijos de la Gran Bretaña acabaron con las maduras, dejándole sólo las duras. Ye lo que hay. Junto a esta plaza tenemos la de l’Homme de Fer, mucho más moderna, y donde se cruzan las dos líneas del entonces modernísimo ...

Evaristo San Miguel

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  Gijón es una ciudad con muchas plazas, de todo tamaño y condición, pero hay dos que atesoran esa característica que en la capital denominan casticismo. Hablamos de esa plaza del Parchís y la conocida como la Plazuela. La primera ha pasado por varias denominaciones, aunque pese a ello siempre vuelve al popular, el Parchís, y mantiene casi completa su fisonomía de edificios clásicos, todos imponentes, aunque a mi me gusta particularmente la sobriedad racionalista que Manuel del Busto le dio a la torre blanca donde, en los aciagos días de 1937, se instalara en su corta vida el Gobernín. La segunda, la que hoy me interesa es la que lleva el nombre de Evaristo San Miguel, desconocido militar, decimonónico y asturiano, para la mayoría de la población, y de trayectoria muy similar a la del general Del Riego -hay quien asegura que fue el autor de la letra del himno- y que, con un periplo vital muy movido, o turbulento, acabó sus días, al contrario que el hijo de Tuña, de forma apacib...