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¿Arderá Paris?

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  El verano de 2006 me pilló finalizando mis dos años de destino profesional en la capital de Alsacia, Estrasburgo; una región que recibe millones de turistas cada año por los indudables atractivos, en diferentes áreas y dominios, que atesora. La ciudad es sin duda el principal aliciente de la región, y, en ella, la conocida como la Gran Isla, su barrio antiguo rodeado por grandes canales, con su gigantesca catedral gótica, es el faro que atrae miríadas de insectos disfrazados de turistas. En ese panal de miel, con forma de almendra, encontramos la Plaza Kleber, cuadrangular, con hermosos edificios de factura medieval los antiguos y prusiana los modernos, y, dominándola, la estatua de aquel general alsaciano al que Napoleón dejó abandonado en Egipto, cuando los hijos de la Gran Bretaña acabaron con las maduras, dejándole sólo las duras. Ye lo que hay. Junto a esta plaza tenemos la de l’Homme de Fer, mucho más moderna, y donde se cruzan las dos líneas del entonces modernísimo ...

Evaristo San Miguel

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  Gijón es una ciudad con muchas plazas, de todo tamaño y condición, pero hay dos que atesoran esa característica que en la capital denominan casticismo. Hablamos de esa plaza del Parchís y la conocida como la Plazuela. La primera ha pasado por varias denominaciones, aunque pese a ello siempre vuelve al popular, el Parchís, y mantiene casi completa su fisonomía de edificios clásicos, todos imponentes, aunque a mi me gusta particularmente la sobriedad racionalista que Manuel del Busto le dio a la torre blanca donde, en los aciagos días de 1937, se instalara en su corta vida el Gobernín. La segunda, la que hoy me interesa es la que lleva el nombre de Evaristo San Miguel, desconocido militar, decimonónico y asturiano, para la mayoría de la población, y de trayectoria muy similar a la del general Del Riego -hay quien asegura que fue el autor de la letra del himno- y que, con un periplo vital muy movido, o turbulento, acabó sus días, al contrario que el hijo de Tuña, de forma apacib...

La emoción de un golpe

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  No es el campo de golf del Tragamón un lugar muy llamativo. Fuera de sus habituales usuarios, pasa desapercibido para la mayoría del personal pues, aunque se puede decir que se trata de un campo urbano, se encuentra como acorralado por distintas instalaciones o infraestructuras; al norte el campus tecnológico de la universidad le da un toque de modernidad; en cambio, al suroeste, las frondosidades del jardín botánico, con su aspecto selvático en la salida del ocho, le proporcionan un enorme aire de naturaleza primigenia. Por sus partes bajas el rio Peña Francia, modesto, pero con un cierto toque de naturaleza virgen, donde aún proliferan familias de ánades y algunas garcetas, completa un cuadro que hace que los jugadores más asiduos lo aprecien enormemente y no estén dispuestos a cambiarlo por su hermano mayor, que lo contempla altivo desde las alturas del Infanzón. Estos días, tras los vientos del nordeste que casi lo agostan la semana pasada, no se muestra con su mejor semb...