La plaza de Pablo
Confieso mi estupor ante la ordinariez del señor Iglesias Turrión, y utilizo este sustantivo femenino para evitar entrar en otros calificativos en los que, quizás, la calentura del teclado pudiese llevarme a caer, y que, a buen seguro, estarían cerca de la coprolalia, esa expresión de la grosería que se aproxima al ataque personal. El señor Iglesias, antes el Coletas, está perdiendo olfato político. Hace ya un tiempo en mi opinión, pero, a cada oportunidad que se le presenta, aprovecha para aplicar el pico en el cavado de su propia tumba, política por supuesto, y, en esta ocasión, con su participación en esa ¿inoportuna? ¿estrambótica? ¿deleznable? excursión de figurines de la izquierda radical a la ciudad de La Habana, en medio de la posiblemente mayor crisis económica, de las muchas que ha sufrido la isla desde 1959, no hace más que confirmar esa apreciación respecto a sus capacidades políticas actuales, y también futuras. Estos lumbreras han sido un faro para los habaneros...