El nuevo campo de batalla
Nos habíamos acostumbrado a contemplar la guerra en formato entretenimiento, sobre las grandes pantallas de los cines, pocos, y sobre las pequeñas de nuestros televisores. En esos formatos el combate es algo aséptico, que ni huele ni, generalmente, nos ofrece imágenes más sangrientas de lo que los públicos suelen admitir. La guerra ha sido para varias generaciones, particularmente en España, algo lejano y poco menos que imposible que nos pudiera afectar en nuestra cotidianeidad, incluso cuando enviamos unidades de nuestro Ejército en misiones de paz por distintos rincones del mundo, como Líbano, Bosnia i Herzegovina, Kosovo, Iraq, y otros lugares que, por la poca entidad de nuestra representación, apenas si son citados en los telediarios y prensa escrita. Ahora, primero con la sangrienta invasión de Ucrania, y, más recientemente, con el conflicto del Golfo Pérsico, nos vemos asaltados por un constante flujo de información e imágenes, y al tiempo un flujo de advertencias, a ni...