Ruptura o transición
Siempre me dio envidia Davos, no por la gente importante que allí se reúnen todos los inviernos para explicarnos por donde van las cosas del mundo, sino por las maravillosas pistas de esquí de las que dispone. Mi realidad me dejó siempre en las pendientes de Cerler, que tampoco está nada mal. El caso es que, un año más, esa reunión de poderosos tuvo lugar la semana pasada y ya sus ecos, incluso los desbarres del ogro anaranjado, se han disipado en medio de la tormenta de noticias que cotidianamente nos asalta. Pero este año hubo una intervención que, el tiempo lo dirá, tiene base para pasar a la historia. Fue la del señor Carney, primer ministro de Canada que sustituyó al guapo Justin Trudeau -del que casi nadie se acuerda- y que, desde su llegada ha tenido que lidiar en la vanguardia, por aquello de la cercanía, con las embestidas de Trump. Y entre avances y retrocesos, como suele ocurrir con el marido de Melania, ha logrado hacerle frente y aglutinar tras él a la mayor pa...