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Los marielitos de Ceuta

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  Allá por el año 2012, volaba yo desde Nueva York a La Habana, aprovechando una de esas grietas que el famoso Bloqueo, no tan hermético como dicen, ha tenido siempre. A mi lado se sentó un gigante de ébano que de entrada daba miedo. Después descubrí que era un pedazo de pan, de centeno supongo, que llevaba una vida en la ciudad de los rascacielos, con esposa e hijos ya nacidos yanquis, pero que llegara a aquel rincón aprovechando la ventana de 1980 en el puerto del Mariel. Aquello empezó con la ocupación de la embajada del Perú en La Habana por parte de unos cientos de cubanos, y la afirmación, impulsiva y no meditada, del presidente norteamericano Bill Clinton, en cuanto que acogería a todos los que llegasen, algo que el astuto Fidel aprovechó para enviarle, desde el puerto de Mariel, a una hora de La Habana, unos ciento veinte mil cubanos; entre los que metió delincuentes liberados de las cárceles para el caso, enfermos psiquiátricos y todo tipo de casos particulares; tambié...

Una crónica diferente

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  Cabe apuntar, de entrada, que el gentío en la misma ya daba cuenta del casi lleno que se esperaba tras la apoteosis morantiana del día anterior. Una aglomeración a la que contribuían, en la principal, los antitaurinos, sostenidos por algunas formaciones políticas, de escasa o nula representación parlamentaria, que en estas verbenas encuentran un medio de expresión, curiosamente en una ciudad conocida por ser, como dicen los pijos, “pets-friendly”, con los perros como dueños y señores de nuestras calles. Ye lo que hay. Venía yo interesado en comprobar la indumentaria del personal, pues en la feria de Sevilla, televisada en abierto por su televisión autonómica, observé que los señores lucían abundantes americanas, algunos con corbata al cuello; y las señoras elegantísimas, como si después tuviesen “un compromiso”, y todo ello con el cimbreo casi constante de un enjambre de abanicos multicolores. Y es que Sevilla tiene un color… Aquí el asunto va por otros caminos. Pocas ameri...

Las vacaciones de Giorgia

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  En el 96 llegué a Florencia con mi familia, por razones profesionales y para pasar allí tres años. La inmersión en la cultura italiana me dio para percatarme de que allí, tanto en la televisión como en las revistas o semanarios, lo que aquí conocemos como cotilleos, y allí como pettegolezzi, no tiene el mismo sustento clientelar que entre nosotros. Ye lo que hay. El diccionario Treccani, allí muy respetado, dice que los pettegolezzi, en su versión escrita, son chácharas o insinuaciones malévolas; sobre alguien conocido añado yo. Y en aquellos años, que recuerde, sólo la revista Oggi -Hoy- se dedicaba a este tipo de casquería, y aún trabaja en ello en la actualidad, persiguiendo a las celebridades. Esta semana se ha descolgado con un reportaje sobre la señora presidente de gobierno, Giorgia Meloni, a la que le ha publicado un artículo con su hija de nueve años, ambas en traje de baño en Cerdeña, donde pasaba unos días, pagándose todo, viaje incluido, de su bolsillo; con una ...