Mérito versus herencia
Hace ya bastantes años, otra vida, cuando ejercía de estudiante, tuve la fortuna de ir a dar con un libro de los que marcan una época. Estratificación social y desigualdad, de Harold Kerbo, en el que el autor, a través de varios artículos con diferentes protagonistas, mujeres, negros, minorías etc, y sociedades, Japón, Alemania, los Estados Unidos, nos acerca a la realidad de las sociedades modernas, preferentemente las occidentales, con una constante en sus apreciaciones, la importancia del Mérito, como el sistema que promueve el progreso de las personas a partir de la capacidad personal y profesional del individuo; en contraposición a la Herencia, que promueve el éxito personal desde la posición de salida que la pertenencia a una determinada familia le da a ese otro individuo.
Viene esto a cuento de la elección del hijo de Jamenei, en Irán, para ser el líder máximo de la República Islámica. Un individuo, este Mojtabá, que accede al poder desde su posición de hijo de, y su estrecha relación con pasdaranes y guardias de la revolución, los auténticos detentadores del poder, y gestores junto al nuevo líder, que ni siquiera tiene la condición de ayatolá, del extensísimo sistema de corrupción que agobia el país, entre otras cosas, y que hace que el susodicho se conocido en Londres como uno de los grandes propietarios inmobiliarios.
Trump se ha mostrado contrariado con la elección; y Netanyahu promete eliminarlo en breve, pero, si atendemos a Kerbo, deberían alegrarse, puesto que, según él, la primacía de la herencia sobre el mérito representa sólo la primera fase de lo que acaba siendo la decadencia de una sociedad y principio del fin.
En los EEUU, a lo que se ve, el problema no es la herencia, o la falta de mérito, sino el lacayísmo, condición que cumplen los secretarios de estado del actual Cesar yanqui; distinguidos todos ellos por su obediencia bovina a los deseos de su amo, y que lleva a ver con preocupación el futuro de la que hasta ahora se contemplaba como faro de las democracias liberales. Los frenos periódicos del sistema, en forma de elecciones, quizás puedan paliar los daños. Veremos.
En casa, en España, lidiamos con el cáncer del clientelismo, casi tan nocivo como las anteriores dolencias sociales, y que, poco a poco, desde el poder y los partidos, va inundando las instituciones del estado, algo que pone en evidencia la ajustada actuación del poder judicial, cada día más ahogado por el trabajo que le da nuestra clase política, o cuerpos con dos siglos de antigüedad que ahora se ven abocados a mirarse las costuras.
Kerbo cerraba su libro emparejando mérito con progreso, por un lado, y herencia con decadencia, por el otro. Ye lo que hay.
Raúl Suevos
A 9 de marzo de 2026
Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

Comments
Post a Comment