Una flotilla para La Habana

 

En La Habana, pese a los más de 60 años de desidia, aún resiste un buen número de edificios que merece la pena visitar, aunque sólo sea en su exterior. Uno de los más conocidos es el de las industrias Bacardí, en estilo art decó. Su torre con sus estampas en azulejo actúa como un imán para las miradas del interesado. Poco más queda de la familia, que tuvo que salir por piernas cuando llegaron los barbudos. Como el rey del azúcar de entonces, Julio Lobo, del que aún encontramos en la parte alta de la ciudad su museo napoleónico, quizás el más importante del mundo, y sus Sorollas en el museo nacional de bellas artes, ubicado en fabuloso edificio de Manuel del Busto requisado al Centro Asturiano de La Habana.

Toda La Habana, toda Cuba, están llenas de rastros, de recuerdos, de lo que fue… y ya no volverá. Aunque estos días, en medio de otro “periodo especial” no declarado, y de las inconexas bravatas del ogro anaranjado, el personal va desatado y tentándose la ropa, por lo que pudiera pasar. Y es que, esta vez, la situación parece más difícil de sostener que en crisis anteriores. Quizás porque ya no está Fidel, y Raúl cumplirá en junio los 95.

Dicen que Trump quiere algo como lo de Venezuela. Un gatopardo caribeño supongo, entre otras cosas porque, si el cambio es demasiado rápido, sólo con las reclamaciones y juicios que se desencadenarán por cuestiones de propiedad, el país podría griparse, aún más de lo que ya está. Conviene ir con pies de plomo.

Estos días, ante lo que pueda ocurrir, ya aparecen chollos inmobiliarios allí. Vayan con cuidado. La Perla del Caribe es hoy una gran incógnita, aunque los capitales cubano-americanos, como esos Bacardí, o los Fanjul, o los muchos empresarios que, desde sus orígenes isleños, han levantado lo que hoy es el pujante estado de Florida, están atentos y dispuestos a acudir a la llamada de sus ancestros.

El cubano de a pie, el que sufre allí la situación, ya no cuenta los apagones, es más fácil contar los periodos con energía, menos y más cortos. Tampoco presta atención a las peroratas de Díaz Canel, un funcionario puesto al frente por Raúl, que parece destinado, como Maduro, a pagar los platos rotos, mientras el cangrejo, el nietísimo, en nombre de la “familia”, negocia el futuro con los yanquis.

Con todo, la noticia de que Iglesias, Pisarello y Corbyn organizan una flotilla, al estilo de aquella de Gaza, me hace pensar que, esta vez, el final definitivo de los Castro está muy cerca. Ye lo que hay.

Raúl Suevos

A 19 de marzo de 2026

Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com 


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