Dario Amodei
El nombre poco dirá a la mayoría
de lectores. Quizás les traiga ensoñaciones persas, por aquello del gran rey
que 2500 años ha dominará el mundo, o por la segunda parte, que pareciera traer
parentesco del Jamenei bombardeado la pasada madrugada por yanquis e israelitas.
Pero no, nada de eso. Hablamos de un californiano.
Un californiano hijo de un
italiano de Toscana, de Massa Marittima, una preciosa villa de la provincia de
Grosetto que ahora atrae mucho turismo pero que, el siglo pasado, producía, como
otras partes del país, un gran número de emigrantes. Algunos, como el padre de
Dario, se fueron a las Américas, donde maridó con una chica muy inteligente de
origen judío.
El resultado fue un muchacho de
inteligencia extraordinaria y afanes inagotables que lo llevarían a estudiar
varias ingenierías, con especial dedicación a la informática; destacando
notablemente y siendo contratado por las empresas más punteras del sector. Una
inteligencia que lo llevaría a estudiar medicina cuando su madre enfermó de cáncer
y, al comprobar que poco después de su desaparición la técnica encontraba
solución para su mal, decidió dedicar sus esfuerzos a desarrollar algo que
ayudase a la ciencia a ir por delante de las necesidades del momento. Y ahí estaba
Open AI, y lo que después sería Chat GPT, en lo que nuestro Dario sería alma e
impulsor científico.
Todo parecía ir bien, pero al
hombre, la conciencia, o los escrúpulos, no le daban descanso en relación con
el peligro que la Inteligencia artificial podía llegar a suponer y, al no
encontrar respuesta a sus dudas existenciales, dejó la empresa para fundar Anthropic,
la firma, y desarrollar Claude, el software de inteligencia artificial más
potente de los actualmente existentes y que, además, encierra códigos
deontológicos que anteponen la primacía de lo humano a la inteligencia
artificial.
El éxito empresarial y científico
ha sido total, pero ahora ha chocado con el Pentágono de Donald Trump, que,
tras firmar contrato con él, no acepta la cortapisa de negar el acceso al
control indiscriminado y general de la ciudadanía norteamericana, y la
necesidad del control humano en las decisiones de eliminar otros humanos. Una
situación ya planteada en el cine y la literatura, ahora realidad.
El choque ha llevado a un plante
de todas las empresas que en los USA trabajan la IA, preocupadas ante la deriva
filosófica que se esconde tras las decisiones del ogro anaranjado, que en esta
batalla ha dado un paso más hacia la autocracia, o el cesarismo democrático si
ustedes prefieren. Un plante roto por un esquirol, que no ha sorprendido
demasiado, pues se trata de Elon Musk y su Grok, muy inferior en calidad a
Claude, pero dispuesto a abrazar el interés trumpista. Ye lo que hay, el futuro
ya está aquí.
Raúl Suevos
A 28 de febrero de
2026

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