Domingo de Ramos, domingo de estreno
Estaba hermosa la ciudad esta
desapacible mañana de domingo. No era para menos, domingo de Ramos, domingo de
Procesión, y ésta, mucho más modesta que las que se pueden ver por muchas
ciudades de España, todas ellas más barrocas y, posiblemente, antiguas que la
nuestra, atrae cada vez más al paisanaje, pese a los inconvenientes.
Nunca fue Gijón de mucha
procesión, al fin y al cabo, desde los tiempos de la Restauración ya empezó la
cosa a moverse, después sería Burgos Riestra al principio del XX el que iría
dando forma al asunto. El caso es que, aunque ahora la agrupación socialista
este pidiendo un andamio para evitar el derribo, la ciudad lleva mucho tiempo
de etiqueta rojera, y también anticlerical. Por eso el renovado auge
procesional comporta más valor aún.
Hoy tocaba la de Ramos, la que en
muchos lugares conocen como del borriquito, y allí, a la altura del Campo Valdés,
marchaba el personal, muchos con un ramo de laurel en mano, posiblemente
comprado a las varias vendedoras que con acento de país del este, y avispadas
ellas, lo ponían a disposición. También algunos niños con sus palmitas, que no
palmas. El ambiente, con un marco incomparable como es San Pedro y el arenal de
San Lorenzo, engalanado por un oleaje tremendo traído por el norte que nos
azota estos días, me llevó irremediablemente al recuerdo de mis días
infantiles.
Eran tiempos en los que el
domingo de Ramos tenía un signo especial. Mi madre echaba el resto y me ponía
de estreno, como casi todo el mundo; cada uno a su nivel, pero no se concebía
salir de cualquier manera; los padres con sus mejores galas, y los niños
luciendo ropa nueva y repeinados. Todos a misa, con la palma, para luego
llevarla al padrino, del que en mi caso ya no recuerdo su cara pese a que me
dejó su nombre en herencia, para recibir, posteriormente, el bollu, de su
parte. Un gran día.
Después, si la cosa cuadraba
bien, se podía ir a tomar el vermú, con unos calamares fritos para la gente
menuda, antes de volver a casa, o a comer fuera los más pudientes. Eran otros
tiempos. Hoy yo iba solo, sin prisa y con tiempo para observar, lo suficiente
para darme cuenta que ya no es domingo de estreno. Hoy casi todo el mundo va
con la moda global, esa de casi usar y tirar, esa que se nutre, no se sabe muy
bien dónde, con salarios de miseria para poder ofrecer precios convenientes,
esa que adoramos, y que ya no nos permite estrenar para Ramos. Ye lo que hay.
Raúl Suevos
A 29 de marzo de 2026

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