¿Tiene Trump una estrategia?
Son tiempos complicados los que
vivimos últimamente. Para los que sufren sobre el terreno las consecuencias de algunas
decisiones políticas son incluso sangrientos, mortales. Y todo ello lleva ya un
tiempo desarrollándose; quizás desde que Fukuyama decretó el fin de la
historia, tras la caída del Muro, porque, desde entonces, la inestabilidad no
ha hecho sino aumentar, y el nuevo titán, el sustituto de la URSS, China, ha
venido para dar una nueva inquietud a lo que parecía que iba a ser la Pax
Americana.
Ese crecimiento chino, en todos
los órdenes, inquieta en los EEUU, tanto que, ya desde la presidencia Obama,
2009-17, su estrategia y doctrina de defensa ha ido basculando hacia el Lejano
Oriente; más despacio quizás de lo que quisieran, puesto que la Rusia de Putin
-léase ocupación de Crimea y posterior invasión de Ucrania- obligaban a
mantener un importante esfuerzo sobre Europa. Además, el Próximo Oriente, en
perpetua inestabilidad, imponía un doble esfuerzo con despliegues en el Golfo y
apoyo sostenido a Israel, su gendarme. Y entonces llegó Donald Trump.
El ogro anaranjado parecía
tenerlo claro, y pese a los sonados abandonos de sus lugartenientes en su
primer gobierno, sacó adelante los Acuerdos de Abraham en 2020, algo que
suponía la alineación de muchos países sunitas con Israel y el arrinconamiento
de Irán, enemigo declarado desde la Toma de los rehenes, y sus satélites chiitas.
Una revolución que liberaría muchas fuerzas y medios de los EEUU.
El 7 de octubre de 2023 todo
saltó por los aíres en la frontera de Gaza con el designio iraní, y después,
por reciente, todos sabemos lo que pasó allí, con el apoyo de Biden seguido de
Trump. Un Trump que en su segunda presidencia parece dispuesto a derribar los
ídolos del templo internacional con un desmadre de decisiones unilaterales,
fundamentalmente la subida indiscriminada de aranceles, y también acciones de
combate, como la aprehensión de Maduro en Caracas.
Ahora llega el turno de Irán, justificada
por Washington como guerra preventiva ante el peligro nuclear de los ayatolás,
y aceptada por gran parte de la opinión pública por la atroz y sangrienta
violencia que llevan imponiendo a su pueblo desde la llegada al poder de
Jomeini. Pero quizás no es, pese a la envergadura, una atolondrada salida de
Trump, quizás sólo es parte de una estrategia.
La neutralización de Irán, con
cambio de la estructura del poder, o simplemente con el acceso de unos
dirigentes más dóciles, al modo venezolano, supondría el control del petróleo y
gas del país, como en Caracas, que ya no iría hacia China, la auténtica
preocupación, y, con Israel y Arabia Saudí actuando de delegados, los EEUU podrían
dedicar todo el esfuerzo al Lejano Oriente ¿Ye lo que hay?
Raúl Suevos
A 5 de marzo de 2026

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