Cruceristas
Hoy, al parecer, empezó la temporada de cruceros en Gijón. Y ello porque el primero de una serie atracó en el puerto del Musel, abriendo el calendario de esa particular faceta de la industria turística que, según quien la presente, es un indicador positivo para la ciudad, y según quien la sufre, no aporta nada a nuestro ya saturado panorama estivo.
La noticia me llega vía radiofónica, con la entrevista a una responsable, cuya filiación no identifiqué, pero que se mostraba casi eufórica ante la posibilidad de batir de nuevo este año la cifra de visitantes con esa modalidad, con casi noventa mil pagantes, y unos treinta mil currantes en las tripulaciones. Algo que, por su tono, debiéramos celebrar los gijoneses. No lo tengo tan claro.
Siendo la industria de cruceros un negocio multimillonario, son muchos los artículos y reportajes emitidos en torno a los particulares de tal asunto, entre los que no es uno menor el de la polución, algo que a simple vista se puede constatar viendo lo que sueltan por sus chimeneas, que también trabajan cuando están atracados, aunque en nuestro caso, los vecinos más próximos, de la Calzada, Jove y el Tocoti, supongo que con callo pulmonar tras tantos años de respirar los humos de la siderúrgica, apenas lo notaran. Pero ahí está.
El aspecto del gasto, que se le supone a los visitantes, lo veo menos claro. Salvo algún coleccionista de imanes de frigorífico, no me parece que sean de mucho consumo, ni siquiera en los restaurantes, pues a bordo tienen todo pagado y no es que el crucerista moderno se distinga por pertenecer a la clase más pudiente entre los que viajan; antes al contrario, cada día más, parecen pertenecer a la de los vuelos baratos que observamos hoy en la mayoría de aeropuertos del mundo; es decir, consumidores de pizza al taglio en el mejor caso, o del almuerzo en bolsa de plástico sacada en el desayuno del barco, como tengo visto en algún banco de la calle Corrida.
Algo sacarán los autocares que los llevan de excursión a Covadonga dirán algunos, y cierto es, aunque, tratándose de viajes ajustados por los operadores turísticos, es probable que los márgenes sean mucho más estrechos de lo que pudiéramos pensar. Así que, llegados aquí, sólo nos queda imaginar que la Junta del Puerto algo ganará por los atraques, que no sé si se pagan en función de la eslora del crucero o del número de turistas que transporta, pero que no creo que sea regalado.
Al final nos quedan a los gijoneses esos grupos de gente con aire de despiste por el Muro, que no sé si no deberían pagar cuota turística, como en otros lares. Ye lo que hay.
A 8 de abril de 2026
Raúl Suevos
Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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