El gesto dimisionario
Está la cosa política bastante caliente en el Reino Unido, aunque podría decirse que el ambiente lleva por allí ya mucho tiempo revuelto, o áspero, o difícil, o inaguantable, o para irse a su casa, que es de lo que quiero escribir. Y es que, al centrarme en lo de allí, evito entrar directamente en lo nuestro, aunque, lógicamente, las comparaciones, si bien odiosas, resultan evidentes y obligadas. Ye lo que hay.
El caso es que en la casa de los hijos de la Gran Bretaña acaban de enterarse que el embajador recién dimitido en Washington, aquel que salía en calzoncillos con muchachitas en las mansiones de Epstein, el sátrapa pedófilo que quita el sueño a medio mundo, o al menos a medio mundo del poder, no había superado los controles de seguridad para el puesto, algo que suelen hacer en los países con un cierto pedigrí.
La movida política que se ha desatado es, como cabría imaginarse, de calibre superior, y la oposición, también como cupiera esperar, pide la dimisión del primer ministro, que fue quien lo nombró; aunque éste se llama andana aludiendo a que a él nadie le dio cuenta del suspenso del individuo. Y aquí es cuando llegamos al gesto dimisionario.
Dimisión, dimisión, nunca bien definida ni comprendida ¿o era disciplina? Bueno, es igual, el fondo es el mismo, ya que para Max Weber, uno de los grandes en eso de pensar, se dimite por dos motivos: Por convicción, porque no se está dispuesto a tragar si el bocado va contra sus principios; o por responsabilidad, cuando las decisiones propias o su ausencia han sido nocivas para la organización.
Ahora, con esa descripción del concepto y de la cuestión británica podemos intentar hacer un examen de 360 grados y seguramente encontraremos, en casa y en el exterior, un gran número de oportunidades y personajes o líderes que han dado un montón de motivos para ejercer ese gesto dimisionario. Pero descuiden ustedes, ni aquí ni acullá verán ustedes a nadie, o casi nadie, ejercer esa acción que encierra en si misma una carga de dignidad que en estos tiempos resulta insólita.
Es una constante en nuestras vidas de ciudadanos la recepción de noticias sobre casos o situaciones en las que el responsable político se descarga en funcionarios para evitar su responsabilidad, o simplemente mira para otro lado, cuando no escupe sus vitriólicas soflamas contra la oposición o la prensa. No son estos tiempos en los que el ejercicio de la política se distinga por la dignidad de sus ejercientes, y con ello, nuestra dignidad como ciudadanos también se ve afectada, tanto que, la ausencia casi total de ese gesto dimisionario nos deja a nosotros como siervos o súbditos de esa clase política.
Miren alrededor.
Raúl Suevos
A 18 de abril de 2026
Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

Comments
Post a Comment