Matizando una tribuna
Leo esta mañana en La Nueva España una tribuna del casi siempre acertado Luis Sánchez Merlo, en la que se extiende sobre el significado del voto en blanco, una opción electoral que yo mismo utilicé en el pasado y que no descarto que recupere en el futuro. Y su lectura me ha espoleado para escribir unas líneas sobre el concepto.
Debe iniciar el asunto confesando que, hace años, casi nula atención había prestado al asunto. Fue con mi primer destino en Estrasburgo en 2005 cuando, con ocasión de unas elecciones en Francia, los matices del tema llegaron ante mi vista. El día después toda la prensa, empezando por Les Dernières Nouvelles d’Alsace, del que era suscriptor de oficio, abrían página con el voto en blanco, para ellos un indicador de máxima importancia sobre la calidad de su sistema político. Algo así como una estación medidora de la polución en el aíre que respiramos.
En los días sucesivos, para mi sorpresa, pude comprobar cómo, todos los medios de comunicación social, eran tiempos de Jacques Chirac como presidente, analizaban pormenorizadamente el asunto del voto en blanco, algo que, por comparación con lo que sucedía, y aún acontece, en España, no dejaba de sorprenderme profundamente.
A mi vuelta, quizás influido por aquella experiencia, y, sobre todo, por el desencanto que me producían los protagonistas de nuestro sistema político, me pasé al partido del voto en blanco, aunque tras cada votación me venía un reflujo de frustración ante la nula repercusión que esa postura electoral obtenía en los medios de comunicación.
Pasado un tiempo decidí que, dado que no estaba dispuesto a caer en el pozo de la abstención, y como quiera que seguía sintiéndome desafecto con los protagonistas de nuestro espectro partidista, decidí que, al modo de las guerras de las potencias mundiales, recurriría a los proxy parties, es decir, otorgaría el voto a partidos interpuestos, o delegados, o pantalla, sobre lo que realmente consideraba.
Ahora voto a un partido que no me convence en muchas de sus propuestas, pero que creo que puede actuar como una especie de banderillas de castigo sobre aquel que tiene cuadros, estructura y recorrido como para cargar con la responsabilidad de la nación pero que, al mismo tiempo, su trayectoria anterior, hace presagiar que podría limitarse a “gestionar” los asuntos del estado, sin cambiar la deriva ideológica que, en mi opinión, se ha producido en esta España nuestra en los últimos tiempos.
En fin, que el señor Sánchez Merlo tiene toda la razón en lo que explicaba con el voto en blanco pero, a mi entender, la pobre repercusión mediática hace que no consiga los objetivos que logra en países de nuestro entorno.
Raúl Suevos
A 5 de abril de 2026
Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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