Bañistas en la Escalerona
Estaba esplendido el Muro esta
mañana sabatina. Lleno de gente, vecinos y “foriatos”, que disfrutaban del sol
como si tratasen de apurar lo que los presagios meteorológicos anunciaban para
la tarde, “tambascaes” a todo trapo, para solaz y alegría de chigres y
sidrerías, supongo.
La playa, la “sablera”, en
bajamar, lucía con los primeros paseantes de la orilla, algunos bañistas de fin
de semana, pocos, y, sobre todo, la ausencia del usuario canino y acompañantes
de los periodos otoñales e invernales. Al agua sólo se acercaban algunos niños
y sus abnegados padres. En la Escalerona, como casi todos los días del año,
unos pocos bañistas/nadadores, ellos y ellas, procedían a secarse y recuperar
su aspecto ciudadano. Y sobre ellos la bandera amarilla que daba cuenta que ya
tenemos servicio de salvamento, con un cuarteto de rojos atuendos confirmando
la observación vexilógica.
A mí, la postal, me recordaba la
imagen de hace unos días, con uno de estos bañistas, esos que sólo el temporal
consigue amedrentar, y que casi todos los días, a media mañana, podemos
encontrar en ese nuestro monumento urbanístico art decó, -con ellas, a menudo,
empleando un vestuario portátil de cartón que deja en muy mal lugar a la ciudad
y su regidores- cobijándose de la lluvia bajo el alar, que no “antoxana”, de la
oficina de información que hay en los jardines del Náutico. ¿No se merecen algo
más?
Que digo yo que hay espacio allí
para instalar unos vestuarios en una instalación similar a esa oficina, puesto
que aquellos de la Pescadería municipal son ya historia, y estos usuarios, por
uso y tradición, son, hoy por hoy, los que más derecho pueden presumir para que
se les atienda con unos servicios en consonancia con la ciudad que pretendemos
ser.
En mi paseo y de observador
atento, o lo que antes llamaban mirón curioso, pude darme cuenta que algunos de
esos visitantes forasteros paseaban munidos de café y brioche portátil, lo que
me lleva a pensar que pertenecían al nutrido grupo de los turistas ajustados,
esos que salen de casa, más por poder contarlo posteriormente que por otra
cosa, y, viendo la modesta ocupación de las terrazas de la plaza del Marqués y
el Muelle, creo que es pensamiento adaptado a la realidad.
Supongo que todo suma, y para una
ciudad, como la nuestra, necesitada de un empuje renovador, todo es positivo, cruceristas,
turistas de fin de semana, congresistas, hoy por hoy inexistentes, y cualquier
cosa, quitando las despedidas de soltero, que pueda aportar algo a la recaudación
local. Ye lo que hay.
Por cierto, quizás ha llegado ya
el tiempo de pensar en colocar una bandera nacional en alguna parte del Muro.
Para que se sepa dónde estamos.
Raúl Suevos
A 2 de mayo de 2026
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