¿Civismo o urbanidad?

 

¿Qué más da? Si no recuerdo mal las clases del padre Fidalgo, ambos son sinónimos. Y la RAE, la Real Academia Española, la de la Lengua, la que tiene como fin fijar y dar esplendor al castellano, hoy español, lo define como “el comportamiento respetuoso del ciudadano con las normas de convivencia pública”. Y ahí creo, es donde reside el problema, en esas normas y su definición, porque, al final, resulta que somos nosotros mismos quienes las definimos, y en una sociedad como la nuestra, tan muelle, tan adaptable, y tan cómoda, resulta que el personal hace tiempo que no está para definiciones, que por otra parte alguno podría pensar que suenan a imposiciones: Y así nos va.

Ni que decir tiene que los gobernantes, particularmente los municipales, aquí, allá y acullá, viven pendientes de aquello que cada cuatro años podría resultar más valorable, positivamente, por los votantes, huyendo al tiempo, de aquello que pudiera soliviantarles, como, por ejemplo, las normas de convivencia. Ye lo que hay.

Valga esta introducción, quizás larga, a cuenta de lo que esta tarde he visto en el Muro y cercanías. Para empezar, bajando hacia allí, una muchacha con un cortísimo pantalón corto por abajo y la parte de un minúsculo bikini por arriba. Que supongo yo que la parte inferior del bikini debía ser lo suficientemente breve como para que ella misma decidiese cubrirlo. Aquello si no llegó a turbarme si que sirvió para alertarme.

Ya sobre el arenal, en mitad del paseo, casi me tropiezo con un grupo, no sé si de cinco o seis, de los que ahora, por aquello de lo políticamente correcto, esa moderna forma de tiranía social, se llaman subsaharianos, sentados en corro, pegados a la baranda, y ocupando quizás un cuarto de la anchura del paseo, incordiando sin duda a los paseantes que, en uno u otro sentido, caminaban al lado de la misma.

El asunto no llegaba a ganar el título de manifestación, de carácter étnico en este caso, pero no dejaba de ser curioso teniendo en cuenta que, al otro lado, en la parte interior del paseo, había asiento de sobra para todos ellos. Y alguno podrá pensar que son sus costumbres, pero otros, yo entre ellos, podemos opinar que eso no casa con el estilo de la ciudad de Jovino. No hasta ahora.

Superado el humano obstáculo pude constatar la afluencia de individuos, en este caso masculinos, que consideran el Muro como buen lugar para tostar su mortecina piel tras una primavera lluviosa, paseando descamisados y luciendo, en la mayoría de los casos, sus lorzas, que no musculatura. Y digo yo que está bien lo del buen rollito, pero también el comportamiento cívico, que, en mi opinión, no casa con lo descrito y la autoridad competente consiente. Ye lo que hay.

Raúl Suevos

A 23 de mayo de 2026

Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com 


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