Cómo hacerse rico

 

Ayer estuve, a medio camino entre Gijón y Oviedo, en una comida con unos amigos. El condumio, en estas reuniones periódicas, casi siempre es excelente, pero, lo que en todas las ocasiones alcanza cotas de perfección es la sobremesa, en la que por la venerable edad media de los participantes ya no hay la típica y abundante libación de espirituosos que en otros tiempos caracterizaba este tipo de conciliábulos, y en su lugar es el relato de alguna anécdota simpática la que lo sustituye.

Ayer, uno de los participantes, experto y veterano jugador de golf, nos relató cómo tiempo ha, en visita a un campo del sur de España, conocido por su dificultad y longitud, decidió contratar un buggy para su jornada deportiva, encontrándose con la sorpresa de que todos estaban ya alquilados. La encargada del guardacarros, solícita ella, le sugirió que hablase con un señor que se encontraba en la zona de prácticas y que iba solo. Su nombre y apellido pertenecía a una renombrada familia de banqueros nacional. Y hacia allí se dirigió nuestro locuaz jugador.

Autopresentado y una vez contada la circunstancia, el usuario titular del buggy accedió a compartir el vehículo y nuestro compañero de pitanza, por cortesía obligada y pese a que el cacharro ya estaba pagado por el primero, pensó que lo suyo era ofrecerse a pagar su parte, pensando en su fuero interno que el opulento jugador diría que no a su propuesta. Pero no, la respuesta inmediata fue “son 18 euros”, sacando nuestro valiente carballón un billete de 20 euros, que el otro cogió inmediatamente mientras decía que “no llevo cambio”; rematando el de Oviedo, grandón él, “no te preocupes, para mí eso no es nada”.

A esa altura de la historia ni que decir tiene que el resto de la mesa estábamos ya llorando de las carcajadas, lo que hacía que de las otras volviesen la cabeza, intrigados por tal algarabía. Unas risas que iban en consonancia con la inmensa fortuna que se supone a esa familia de banqueros. Aunque aún nos quedaba por conocer el remate del cuento. Y es que, un par de semanas más tarde, de vuelta ya en la capital asturiana, la prensa le trajo a nuestro amigo que su compañero de buggy había sido pillado por las autoridades tratando de sacar de España en su yate, para su venta en el extranjero, un Goya de su propiedad, lo que hacía que aquellos 20 euros le pareciesen aún más estrambóticos.

Nuestro amigo acabó su relato manifestándonos que, en cierto modo, y como solían decir nuestras madres y abuelas, es con los pequeños detalles como uno se va haciendo rico. Ye lo que hay.

Raúl Suevos

A 14 de mayo de 2026

Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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