Falcone y el arrepentido

 

A muchos de quienes esto leen el nombre de Giovanni Falcone poco o nada les dirá, por edad y también por lejanía geográfica. Era un procuratore, lo que aquí conocemos como juez instructor, en Sicilia, en los tiempos más duros de la Mafia, particularmente la de aquella región italiana, pues para los que no lo sepan, les diré que ese fenómeno delictivo tiene expresión en todo el país, con distintas denominaciones según la región, Camorra, Ndrangheta, Sacra corona, etc.

En la sociedad italiana su nombre remueve los corazones, por su fin, la masacre de Capaci, una bomba en el subsuelo de la autopista que acabó con su vida, la de su mujer y sus escoltas, y, sobre todo, porque él fue el que puso en pie la figura del arrepentido en la justicia italiana, secundado por su compañero Borellino, al que la mafia siciliana asesinaría poco después de él.

El arrepentido, siempre por conveniencia, suscitó grandes controversias en la justicia italiana, y también en la sociedad del país, que venía sufriendo el cáncer mafioso desde mucho tiempo atrás. Finalmente fue aceptado, y hoy es una figura legal, con sus claroscuros personales, pero que, en definitiva, ha sentado jurisprudencia y ejemplo no sólo allí, en Italia, sino también en más países, como España.

Viene esto a cuento de las discusiones, a nivel periodístico fundamentalmente, en torno a la figura del individuo Aldama, al que, de una parte y según el color político, auguran una gran reducción de pena por su colaboración, y de otra, niegan la mayor, aduciendo su poca importancia para la resolución de la causa. Ye lo que hay.

La realidad es que, los legos en jurisprudencia y simples espectadores de la cosa pública, sin el concurso del susodicho, y pese a las innumerables grabaciones del portero del puticlub, es difícil que hubiésemos llegado a dónde hoy estamos, es decir, a la espera de la sentencia que en tiempos próximos dictara la sala del Tribunal Supremo; por todo ello, y si, como dicen, la soberanía y su brazo justiciero, reside en la ciudadanía, o lo que los populistas llaman pueblo, nos conviene que al tal Aldama el Supremo le valore la cooperación, aunque sea interesada, y le rebaje al máximo la pena que pudiera corresponderle, porque, con ello, abrirán la puerta a otros arrepentidos, como en Italia, donde gracias a esa figura, imperfecta como la vida misma, han conseguido mantener a raya, mal que bien, a ese fenómeno que chupa la sangre del país, y que aquí se llama corrupción.

Confío en el Supremo, en todo el sistema judicial diría, y espero que estiren la ley al máximo de lo permitido, por la cuenta que nos tiene.

Raúl Suevos

A 10 de mayo de 2026

Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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