Talibanes y pasdaranes
De los talibanes llevamos hablando mucho tiempo; básicamente desde que los yanquis, con el objetivo de hacer la puñeta a los soviéticos que entonces tenían ocupado Afganistán, empezaron a apoyarlos, principalmente con el suministro de armamento, especialmente misiles antiaéreos, los conocidos como MANPAD, que acabaron con el dominio aéreo de los rusos.
La etimología de ese nombre deriva del verbo talib, estudiar, y ellos serían los que estudian, el Corán, por supuesto. Es decir, personal muy adoctrinado en según qué cosas, y que, como los tiempos atestiguaron, tienen un carácter cerril y testarudo, por decirlo de una manera suave.
En Irán el asunto comporta otros matices. Allí los que ahora mandan, con bastante claridad, mucha más que en el periodo anterior, en el que también mandaban, pero de forma más subrepticia, son los pasdaranes; plural de pas-dar, es decir, guardia y mantener, en su raíz farsi, la lengua de aquellos lares, o lo que es lo mismo, lo que mantienen la guardia, se sobrentiende que sobre la Revolución, la de los ayatolás.
Los primeros, los talibanes, son ferozmente suníes, o lo que es lo mismo, radicales del islam más retrogrado. Y los segundos, los pasdaranes, despiadadamente chiítas, o sea, radicales de esa rama del islam, lo que nos lleva, cuando nos aproximamos a esos fenómenos supuestamente religiosos, a hacerlo desde una posición de profunda prevención.
Todo esto viene a colación del acuerdo que el inefable Trump dice haber logrado con los iraníes que, según la prensa yanqui, comporta la apertura del Ormuz durante 60 días, lo que implica, indirectamente, reconocerle a Irán derechos sobre el paso. También la venta de petróleo iraní durante ese bimestre, mientras se deja lo del uranio para aclarar en estos 60 días. Suena a otro pufo del ogro anaranjado.
Aquí es cuando hay que recordar el Acuerdo de Doha de 2020, durante la primera presidencia Trump, que, a cambio de nada, dejó -permitanme la expresión- con el culo al aire al gobierno afgano y a su ejército, y que el presidente Biden se vio obligado a cumplimentar al inicio de su mandato, dejándonos penosas imágenes para el recuerdo en los informativos de todo el mundo.
Hoy Afganistán vive sumergido en la penuria más grande, de todo tipo, y lo de las mujeres alcanza cotas que sólo se pueden calificar como infernales, aunque Trump le eche la culpa a Biden. Y en Irán, donde llevan cuarenta años de dictadura teocrática, con un acuerdo de Trump de por medio, lo más probable es que las condiciones de la población empeoren, y toda el área, pese al interés de Israel, y los Acuerdos de Abraham, entre en un periodo de inestabilidad manifiesta, y todo gracias a Trump. Ye lo que hay.
Raúl Suevos
A 24 de mayo de 2026
Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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