Caudillismo en América
Si ustedes dedican un tiempo, no mucho, al estudio de la emancipación hispanoamericana, descubrirán enseguida una figura paradigmática: el caudillo. Un hombre que, generalmente, desde unos orígenes humildes, y casi siempre a través de la fuerza armada, acaba haciéndose con el poder político de la nueva nación, y lo mantiene durante años bajo un disfraz de sistema democrático en el que las elecciones, más o menos trucadas, tenían un valor especial.
Nacieron inmediatamente después de la creación de las nuevas naciones, con unas constituciones, muchas de ellas inspiradas en la española de 1812, y con unas sociedades que casi habían desaparecido en su composición anterior a las guerras. No tenían un referente social, ni cultural, ni moral, pues lo español, de donde todas ellas nacían, debía ser condenado, bajo una mínima coherencia; y lo indígena era despreciado por las clases criollas, por considerarlo inferior. Una situación difícil y complicada, en la que las clases humildes no contaban para nada. Menos aún los indígenas, que si no eran eliminados se mantenían en un estado de semiesclavitud.
El siglo XX trajo a casi todos los países la conciencia política y con ella los movimientos revolucionarios, con su reflujo de sufrimiento para gran parte de la población; y, para un observador es fácil percibir cómo, con el amparo siempre de unas constituciones que se modifican frecuentemente en interés del poder de turno, el pendulazo político es casi una constante en aquel hemisferio. Un caudillo moderno, que ya no necesita siempre del uniforme militar, pero si se cubre con una capa de populismo, alcanza el poder; Evo Morales, Correa, Bukelé, Castro, Trujillo, Chávez, los Kichner, Milei, López obrador; y lo mantiene hasta que un fuerte pendulazo político lo expulsa de su trono.
Ahora en Colombia asistimos a una historia ya conocida. Dos aspirantes, un populista de izquierdas y otro de derechas arrinconan a la única postulante aparentemente racional, y ello ocurre porque el cuerpo electoral, con el atavismo de dos siglos busca inconscientemente un caudillo que los dirija, lo que nuevamente les llevará a la frustración y el desespero. Ye lo que hay.
El caudillismo produce una atracción tan potente, en su disfraz actual de populismo radical que, hasta los EEUU, antes referente y paradigma de todo occidente, abrazan esa forma irracional de gobierno, con un exponente que en el futuro estudiaran las escuelas de ciencias políticas, personificado en Donald Trump, y que parece encontrar émulos en otros países y circunstancias. También en Europa.
El caudillismo/populismo sólo puede encontrar respuesta en la educación política de la ciudadanía, algo que, en general, las sociedades modernas parecen haber descuidado, con las consecuencias que se pueden observar hoy en día.
Raúl Suevos
A 3 de junio de 2026
Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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