El futuro de la región

 

Leo esta mañana en la LNE, mientras remato una botella de sidra en Los Campinos, sobre el final de la peripecia escolar de los tres mejores alumnos asturianos, según dictaminan los resultados de la PAU. Tres jóvenes -quizás 17, aunque el artículo no lo indica- que representan, al menos por la calificación, lo mejor de nuestra herencia social, y que, como conjunto, nos envían un mensaje sobre lo que nuestra Asturies representa hoy en día, pues el denominador común que los une, más allá de sus sobresalientes resultados, es que los tres tienen intención de cursar los estudios superiores fuera del Principado. Y hacen bien.

Las chicas, dos, como suele suceder en estas últimas generaciones, no parecen tener dudas, y sus intenciones las encaminan a la capital de la nación. En el caso del masculino representante de casa, el gijonés -con “sólo un 13.9 de nota“- el asunto parece enturbiarse un poco, pues el mozo pretende cursar un doble grado de políticas y derecho en Salamanca, algo que a mí, licenciado en el ramo más político, me produce un picor en las axilas que no llega a sarpullido, pero que avisa.

Me pica en doble formato; el personal, porque yo decidí estudiar políticas ante la intranquilidad que, ya hace años, me producía en general el comportamiento de la clase política, a la que me costaba encontrarle, en su desenvolverse, el bien común que no cejaban de proclamar en sus discursos. Lo hice mientras trabajaba, por lo que la carrera me costó ocho años de horas robadas al tiempo familiar, y todo ello para concluir que sí, que nuestra clase política, como casi todas a lo largo de la historia, estaban a lo suyo. Ye lo que hay.

El segundo aspecto concierne al propio muchacho, pues, en mi opinión, sólo caben dos posibilidades acerca de su decisión: o ha crecido en el seno de una familia profundamente politizada, y, por lo tanto, ideologizada, o, nos encontramos, algo hasta cierto punto natural dada su edad, ante un Cándido, al que, probablemente, la vida irá reconduciendo hacia una senda más práctica y menos dolorosa que la política a la que proclama querer dedicarse, ya que ésta condena a los que a ella se acercan de buena fe.

Una de las chicas quiere ser astrofísica, la otra piensa en un doble grado, con derecho como base; y los tres, como pueden deducir, descuentan la posibilidad, ya señalada, de cursar estudios en Asturies. Es toda una declaración de cómo nuestros hijos ven a nuestra tierra, y es también, quizás, un augurio de tres potenciales estrellas que acabarán alumbrando otros lugares, no los de los valles que los vieron nacer. Para tomar nota.

Raúl Suevos

A 13 de junio de 2026

Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com 


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