Evaristo San Miguel
Gijón es una ciudad con muchas plazas, de todo tamaño y condición, pero hay dos que atesoran esa característica que en la capital denominan casticismo. Hablamos de esa plaza del Parchís y la conocida como la Plazuela. La primera ha pasado por varias denominaciones, aunque pese a ello siempre vuelve al popular, el Parchís, y mantiene casi completa su fisonomía de edificios clásicos, todos imponentes, aunque a mi me gusta particularmente la sobriedad racionalista que Manuel del Busto le dio a la torre blanca donde, en los aciagos días de 1937, se instalara en su corta vida el Gobernín.
La segunda, la que hoy me interesa es la que lleva el nombre de Evaristo San Miguel, desconocido militar, decimonónico y asturiano, para la mayoría de la población, y de trayectoria muy similar a la del general Del Riego -hay quien asegura que fue el autor de la letra del himno- y que, con un periplo vital muy movido, o turbulento, acabó sus días, al contrario que el hijo de Tuña, de forma apacible.
La plaza, que debería llevar el nombre de Manuel del Busto, por la cantidad de obras suyas que aún le dan brillo, cuenta con varios edificios memorables, como el de estilo art decó y fachada de alegorías aztecas, como el hotel Moderne; o casi frente a él, el racionalista y art decó, primero construido en hormigón armado en Gijón, entre Menendez Valdés y Capua.
Del general asturiano queda un busto en el centro geométrico de la plaza, y, frente a él, pelea por la supervivencia y resiste, el quiosco de Del Busto, hijo en este caso, de estilo racionalista y que, tras varios años cerrado, vivió una corta experiencia de bar con terraza, muy exitosa en mi opinión, pero efímera y frustrante para quienes apreciábamos tomar un cafetín al sol mientras leíamos la LNE. Ye lo qu'hai.
Cuando cerró, leí que la cuota que el Ayuntamiento cobraba lo hacia inviable para la empresa, pero hoy me enteró que son varios los intentos posteriores de adjudicación, cada vez con más baja licitación, la ultima irrisoria, que quedan desiertas; y me preguntó donde quedan esos empresarios de la hostelería que claman cada verano por más metros de vía pública en fiestas para instalar sus garitos temporales, pero que no ven interés en mantener una pieza del urbanismo social de la ciudad, que también es historia de la misma.
Cambian los usos, y con ellos los nichos económicos, como en el caso de los quioscos, pero a mi me queda un punto de desasosiego al constatar que un parte de la sociedad económica, ahora aparentemente pujante, no encuentra aliciente en la recuperación de la memoria viva de la villa.
Raúl Suevos
A 27 de junio de 2026
Traducción en llingua asturiana en abellugunelcamin.blogspot.com

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