El estado se suicida en Ceuta
Somos un estado de derecho, y eso está muy bien pero tiene sus pegas. Lo primero lo demuestra la sentencia del Supremo, en la que no entro pero doy por fundamentada, según la cual si un emigrante entra a nado no puede ser expulsado en caliente; de lo segundo tenemos imagen vívida en los 40.000 entrados en dos días en la ciudad de Ceuta ¿Y ahora qué?
Ahora estamos en algo que recuerda horriblemente a la Marcha Verde, aunque a esta quizás la denominen en el futuro como Marcha Mojada, si bien aquella fue programada por Hassan II y esta no tiene muy claro, aún, quién dio fuego a la mecha que produjo este estallido, dejando a las Redes como carburante de la misma.
En todo caso, ahora, el principal problema, más allá de mostrar, una vez más, la inoperancia de nuestro gobierno, nos encontramos con un doble problema logístico; doble porque la única forma de sacar a esa masa de la ciudad parece la salida voluntaria, algo difícil de imaginar por el momento y que, a mí, se me ocurre que necesitaría de algún tipo de aliciente o incentivo. Veamos.
La ciudad tiene su propia logística para su población, aumentada en un día en un 50%, y hoy está bloqueada, con las familias locales aserralladas en sus casas y en algún caso con gente intentando entrar en ellas, pero que, más pronto que tarde tendrán que salir a hacer una compra en unas tiendas que hoy tienen también sus puertas cerradas. Problema.
Los 40 mil también comen, y descomen, y, a medida que sus necesidades biológicas crezcan, en medio de una ola de calor descomunal, por cierto, es posible que los ánimos se vayan caldeando, de modo y manera que, como primer paso, sería conveniente enviar allí un Piolín cargado de antidisturbios, como aquel de Barcelona, que apoye a las Fuerzas de Seguridad en la ciudad, y mantenga a raya a los asaltantes del inexistente Muro de Adriano, durante esas horas o días que, faltos de sustento, les anime a regresar voluntariamente a su país. No hay otra solución a corto.
Mientras tanto, aquí, sólo podemos dedicarnos a escudriñar cómo nuestro gobierno se dedicará estos días a echar balones fuera y culpar a terceros, quizás la confabulación judeo-masónica, o a tomar medidas que ni siquiera tienen ya un valor estético, como el despliegue de un Ejército que ni tiene medios ni competencias para lidiar en estos asuntos.
Y menos mal que nuestro presidente de gobierno normalizó las relaciones con nuestro vecino, tras abandonar a los saharauis hace un par de años sin dar ni a ellos ni a nosotros media explicación. Ye lo que hay.
Raúl Suevos
A 31 de julio de 2026
Traducción en llingua asturiana en abellugunelcamin.blogspot.com

Comments
Post a Comment