Homero, Nolan y el Cid

 

Siempre que tengo oportunidad, de la mano de alguna reposición en cadenas secundarias, aprovecho para volver a ver a Heston y la Loren haciendo de Rodrigo y Jimena. Me encanta el Cid, y, pese a ello, no puedo evitar preguntarme que hubiera hecho el Ridley Scott de los tiempos de Gladiator con esta golosina en forma de guion que representa la vida del Campeador.

Una vida envuelta en papel de mito, adornado con celofán de epopeya, que, en su mayor parte, nos llega a través del Mio Cid, de autor desconocido y con base en el romancero popular, dicen, y en el que, en el pasaje de Santa Gadea, las Juras, ponen en boca del Cid una imagen deplorable de los asturianos: “Que te maten asturianos, que non sean castellanos”, y ello pese al origen tramontano de su dama. La Carisa y la Mesta, difíciles vías logísticas históricas del país, por donde entraron romanos y sarracenos, siempre nos han dejado apartados de las sedes del poder; donde se hilvanan los trajes del relato, y así nos va, aún hoy.

Ahora Christopher Nolan, otro gran artista del celuloide, recuerden Dunkerque, Oppenheimer, o Memento, entre otras, se atreve con la Odisea, la Biblia de la Grecia antigua, el referente básico de la Paideia, el sistema estructural sobre el que se construía aquella cultura, y, como el Cid, y pese a Homero, de autoría desconocida para muchos de los infinitos investigadores de aquellos, nuestros padres intelectuales, que dicen que se trata de un colectivo, más que de un único autor. Dicen.  

La obra, un peliculón, comentan los críticos, da para diversas opiniones: Que desfigura la historia, olvidando quien eso afirma que es ficción; que la parafernalia bélica no se ajusta a los cánones; que Elena tendría que ser rubia, olvidando las amplísimas y contrastadas relaciones de los pueblos mediterráneos, que ya entonces alcanzaban el alto Nilo; pero en lo que todos parecen coincidir es en la monumentalidad del espectáculo cinematográfico, algo que, en mi caso, es suficiente atractivo como para esperar unos días para después, sin aglomeraciones, poder disfrutar de un reparto que, encabezado por el siempre solvente Matt Damon, promete un par de horas de disfrute. Veremos.

La segunda parte, como ocurrió no hace mucho con el bodrio napoleónico firmado por Scott, la encontramos en el interés que estas grandes películas suelen despertar y que arrastran a la lectura de la obra en la que se basan, en este caso la Odisea, que los que peinamos canas disfrutamos pero que en los últimos currículos ha desaparecido, junto con otras piezas inmortales de la literatura. Bienvenido sea Nolan. Ye lo que hay.

Raúl Suevos

A 19 de julio de 2026

Traducción en llingua asturiana en abellugunelcamin.blospot.com 


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