La OTAN en Turquía, cerca de Atenas
Llevamos varios días hablando de la cumbre anual de la OTAN, en esta ocasión en Ankara, en el altiplano anatolio, es decir, bastante lejos del Mar Egeo, el que fuera el terreno de confrontación, hace muchos siglos, de las grandes potencias de la época, Esparta y Atenas, pero que, quizás, convenga recordar.
El mundo griego, que no el helénico, se vino abajo tras la guerra del Peloponeso, aquella que se inició porque uno de los contendientes cayó en lo que desde entonces se conoce como la Trampa de Tucídides, el autor de la historia de ese conflicto, y él mismo uno de los protagonistas políticos en cuanto que opositor de Pericles en la mismísima Atenas.
Tras las famosas guerras contra los persas, recuerden las Termópilas, Maratón o Salamina, el mundo griego se organizó en dos ligas de ciudades, la una de carácter marítimo, liderada por Atenas, y con claros designios imperialistas, algo que manifestaba con el poder de su flota y la subyugación de sus asociados que debían aportar oro para la construcción de la Acrópolis y su tesoro, y hombres con sus trirremes para nutrir el ejercito ateniense. Con terribles consecuencias para los desobedientes, como le ocurrió a los de Melos, que por pretender mantenerse neutral sufrió la ejecución de todos los varones y la esclavitud de mujeres y niños.
La liga del Peloponeso, liderada por Esparta, era más agraria, y no tenía muchos barcos, pero sí guerreros, hoplitas, con los que durante la larga guerra asoló las tierras de los otros. Era, pese a que tuviesen reyes, tan democrática o participativa como la Ateniense, pues las grandes decisiones se tomaban en asamblea de ciudadanos. Y temían el desmesurado e imperial crecimiento de la Atenas de Pericles, de ahí, tras muchas deliberaciones, la declaración de la guerra. La trampa.
Cuando todo acabó, tras casi treinta años, con la derrota de Atenas, ambos contendientes estaban agotados, y pasaron a depender de los persas, en quienes al final se había apoyado Esparta; y sólo un tal Filipo, y su hijo Alejandro lograron desequilibrar la situación años después.
Ahora, en un mundo más grande que el de entonces, vivimos también en dos ligas, y la nuestra empieza a parecerse demasiado a la de Delos, la que Atenas lideraba, aunque para nuestra desgracia, en lugar de Pericles, que nos dejó aquel maravilloso discurso fúnebre y la definición de democracia, tenemos a un ogro anaranjado que lleva camino de arruinar la liga y a su propio país, y que, en Ankara, probablemente, nos dará otro ejemplo de cómo él interpreta las relaciones internacionales, particularmente con sus socios. Esperemos no acabar como Melos.
Raúl Suevos
A 7 de julio de 2026
Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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