La política de la calle
El día era uno más de tantos otros laborables. Los pasadizos del metro de la gran ciudad estaban a esa hora tan atestados como cabía presumir. La gente iba a lo suyo sin pararse a mirar más allá de la pantalla de sus móviles o de lo que sus particulares preocupaciones llevaban a sus ocupadas cabezas; pero ella, por aquellas cuestiones para las que casi nunca se encuentran respuestas, levantó la cabeza del suelo, donde normalmente fijaba su mirada, y le miró a la cara.
“Soy musulmán, qué carajo miras”, y acto seguido le rajó la cara ante la mirada atónita del personal que, como sucede en estas ocasiones, se compartimentó entre los que se apresuraron a ayudar, los que llamarón a la policía, y lo que pasaron olímpicamente del asunto y siguieron su camino.
Unos minutos más tarde, con la descripción de los que llamaron por teléfono, el tipo fue detenido a unos doscientos metros de la boca del metro. Muy cerca del Duomo de Milán, pues de esta ciudad hablamos, aunque los hechos perfectamente pudieran haber sucedido en Madrid, o en Barcelona; también en Paris, o en Londres; sin olvidar Berlín. Es una situación, desgraciadamente demasiado frecuente.
Cabe añadir, nos lo cuenta todo el Corriere de la Sera, el más importante periódico de Italia, que el tipo, argelino irregular de 27 años, había sido detenido la tarde antes tras reventar varios coches, y puesto en libertad por un juez. Y también cabe agregar que la chica a la que desfiguró era una marroquí de veintipocos años. Y el relato se cierra con las manifestaciones de un notorio político italiano agradeciendo, con sorna, al juez por su diligencia del día anterior. Todo un ejercicio de demagogia el del político.
Y es que, sin conocer con profundidad la ley italiana, estoy seguro que ese juez no hizo sino aplicar escrupulosamente la ley que los políticos aprueban en las Cámaras de Roma, y, posiblemente, él mismo, haya participado en la aprobación de muchas de ellas. Ye lo que hay.
El caso es que estamos ante un nuevo ciclo de elecciones en Europa. En Italia serán el próximo año, y aquí, aunque no le apetezca a nuestro presidente de gobierno, también; y todo es valido para arañar votos, con particular atención a la problemática migratoria, para la que nadie parece encontrar una solución eficaz. Una que tenga en cuenta la necesidad de brazos, al menos mientras la tasa de fertilidad europea se mantenga en el pozo actual, y, al mismo tiempo, el control de los que entran, en cantidad y calidad.
Mientras tanto conviene que sepamos separar el polvo, demagógico, de la paja, la demografía.
Raúl Suevos
A 10 de julio de 2026
traducción en llingua asturiana en abellugunelcamin.blogspot.com

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