De Tamerlán a Putin

 

Ridley Scott es un artista de la dirección cinematográfica, y también de la manipulación histórica en beneficio de los resultados populares de sus trabajos. Lo vimos en Gladiator, y también en el Reino de los Cielos. Allí montaba una pirámide de cabezas cortadas tras la batalla de los Cuernos de Katyn, donde por la nefasta dirección los cruzados fueron masacrados por Solimán el Magnífico. El responsable, Guy de lusiñán, acabaría plácidamente como rey de Chipre.

El caso es que las pirámides de cabezas, con el tiempo calaveras, eran una especialidad de Timur Han, Tamerlán, Timur el cojo. Un gran psicópata asesino y guerrero que llegó a formar un imperio, con capital en Samarcanda, que a su muerte se desmoronó, y hasta donde llegó una embajada del rey de Castilla a principios del S. XIV, liderada por Ruy González de Clavijo, quien escribiría una crónica, “Embajada a Tamerlán”, con tanto éxito en su época como “El Milione” de Marco Polo.

Las pirámides, en su primera fase, de descomposición, producían algo parecido a fuegos durante la noche, lo que empavorecía a los viajeros, que luego lo contaban, y después, ya calaveras, refulgían por la luz de la luna, lo que también acojonaba al personal. El resultado, y funcionaba, era el terror de aquellos que se enfrentaban a Timur, lo que facilitaba enormemente sus victorias.

En el mundo actual tenemos a Vladimir Putin, que lleva camino de dejar a su país como Iván el Terrible, hace ya unos siglos, pero que, en lo relativo a Ucrania, tras cuatro años de guerra, pretende derrotar por medio del terror sobre sus habitantes, a los que no corta las cabezas, pero caza como animales en la zona de Dnipro y Odesa por medio de drones de guía personal, y con misiles balísticos en todo el país. Unos misiles que no buscan objetivos militares o económicos, como los ucranianos hacen con sus drones en el territorio ruso, sino que buscan blancos civiles en horario civil, como son los centros comerciales, las iglesias, los hospitales, escuelas, y todo aquello que, en su enfermiza mente, pueda llegar a doblegar el arrojo y resistencia del pueblo ucraniano. Se equivoca.

Todo le sale al revés a Putin. Estratégicamente hace ya tiempo que lo de Ucrania se mostró como el gran error histórico del exagente del KGB, y ahora, faltos del suministro de los yanquis, que andan cortos ellos de sus propios misiles, son los franceses y los británicos lo que han comenzado a suplir estas carencias, mientras la propia industria ucraniana se apresura a encontrar sus soluciones. Con todo, no deja de ser llamativa la poca atención que los medios de comunicación prestan a esa sangría de civiles, en contraste con lo que pasa en Palestina. Ye lo que hay.

Raúl Suevos

A 23 de agosto de 2026

Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com 


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