La corrección política
Hace años, ejerciendo como secretario de los Premios Ejército, y durante el almuerzo y entrega de una carpeta en cuero con su nombre que le ofrecíamos como pago a los miembros de los jurados, que ejercían su ministerio sin ningún tipo de “orientación” por nuestra parte, tuve la oportunidad de escuchar de boca de uno de ellos cómo el primer grafitti datado en Madrid correspondía a la casa que el general Weyler se construía en la villa con los caudales de su obra, “Mi mando en Cuba”, un superventas de la época, pero que, con la mala fama que su táctica de la “concentración” le procurara en Cuba, y también en casa, olvidando que esa “solución”, respaldada por el gobierno Cánovas, estaba ganando la guerra, algunos, entre ellos el autor de la pintada, no le tenían mucha estima; por eso, probablemente, escribió en las vallas de madera de la obra un malévolo “Mamando en Cuba”.
El caso es que, tiempo después, la casa pasaría a tener como inquilinos a Rafael Alberti y su mujer, María Teresa León, y en sus bajos, durante la guerra incivil, y en la proximidad de la sede de la Alianza de escritores antifascistas, unos dicen y otros niegan, que se desarrollaban actividades chequistas, y hoy, por aquello de la corrección política, supongo, una placa recuerda la vivencia de Alberti, aunque nada se dice de su constructor, el general Weyler. Ye lo que hay.
Hoy leo un artículo de un dirigente político en la LNE, cuya filiación ahorro por aquello de esa corrección política, en el que se hace eco del asesinato de Melquiades Álvarez, el político reformista asturiano, que, en agosto de 1936, fue recluido sin más en la cárcel modelo de Madrid, bajo control del gobierno de la República, para, poco después, ser fusilado allí mismo por milicianos del Frente Popular, achacando el suceso el articulista a la violencia sectaria, y soslayando, ignoro con qué fin o motivo, la autoría y la responsabilidad última de los hechos.
El asunto no iría más allá, porque la realidad es que a Don Melquiades, una gran figura de aquella época, ya casi nadie lo recuerda, ni aquí, su tierra, ni allí, la capital, donde era por aquel entonces decano del colegio de abogados, y lo cierto es que, en mi opinión, a las cosas, y a los sucesos, conviene nombrarlas y relatarlos tal como son o fueron, y lo demás, como esa corrección política que algunos, menos comedidos, llaman maricomplejines, sólo puede conducir a que a uno le roben la cartera, no ya en medio de un tumulto y por detrás, sino de frente y con toda frialdad, como, en mi opinión, nos sucede actualmente en España, donde ya casi no tenemos cartera que robar, apenas nos queda calderilla.
Raúl Suevos
A 22 de agosto de 2026
Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com
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