Un torneo para Daniel
Yo no sé si ha sido el famigerado cambio climático, o el terremoto psicosocial que supuso el Covid, o quizás la combinación de ambos, el caso es que Gijón parece haberse puesto de moda para todo tipo de personal, desde los que gracias al teletrabajo se instalan aquí de forma permanente, a los que casi todos los fines de semana del año invaden la ciudad, incluidas las pesadísimas despedidas de soltero. Aunque no tengo claro que ahora seamos una ciudad mejor.
A mí, en lo personal no me va mal, la próstata me da tregua y el colesterol también, y, además, el golf me ayuda a rellenar el apartado dedicado a naturaleza y deporte, y no sólo, pues con un grupo de amigos de Gijón y Oviedo, -sí, señores, en ocasiones existe esa posibilidad- solemos reunirnos con periodicidad más o menos mensual para disfrutar de alguno de los campos asturianos y, de paso, apoyar al pequeño empresario de la restauración gastronómica. Ye lo que hay.
En esta oportunidad el contubernio de veteranos tuvo lugar en Gijón, y en la parte dedicada al manejo del armamento metálico, el arroz con bugre es lo que tiene, pude disfrutar de una conversación llena de información interesantísima, pues mi oponente era uno de los pioneros que, al modo de aquellos ensalzados por las pelis hollywoodienses, entraron en los campos del hoy hermoso Tragamón para empezar, con su trabajo personal y también su dinero, a poner en marcha el que sería el primer campo de golf municipal de España, al que seguiría no mucho después el de la LLorea.
Contaba cómo aquellos trabajos no hubieran podido llevarse a cabo sin la ayuda, la paciencia y la comprensión de un personaje al que Gijón debe mucho, pues él fue el impulsor, sin duda con la anuencia e impulso de Tinin Areces, de la etapa cultural más relumbrante de nuestra ciudad, recuerden a los Stones, por poner un ejemplo, y estoy hablando de Daniel Gutiérrez Granda.
El golf es la tercera actividad deportiva por número de federados en España, y Gijón cuenta, gracias a Granda, con cuatro campos, dos privados y dos municipales, lo que podría suponer, si hubiera ganas y propósito en la ciudad y en el Principado, un elemento turístico de enorme importancia, especialmente por el tipo de personal que mueve la actividad, de poder adquisitivo medio alto allí donde no hay instalaciones municipales, y que, con toda seguridad, no se pasearán en traje de baño por el barrio de la Arena, como hoy empieza a ser habitual.
Ese golf municipal, falto actualmente de impulso adecuado, no estaría de más que promoviese un torneo dedicado a Granda, aunque él no practicase la actividad, pero en cierto modo fuese su padre.
Raúl Suevos
A 8 de agosto de 2026
Traducción en llingua asturiana en abellugunelcamin.blogspot.com

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