El nuevo campo de batalla

 

Nos habíamos acostumbrado a contemplar la guerra en formato entretenimiento, sobre las grandes pantallas de los cines, pocos, y sobre las pequeñas de nuestros televisores. En esos formatos el combate es algo aséptico, que ni huele ni, generalmente, nos ofrece imágenes más sangrientas de lo que los públicos suelen admitir. La guerra ha sido para varias generaciones, particularmente en España, algo lejano y poco menos que imposible que nos pudiera afectar en nuestra cotidianeidad, incluso cuando enviamos unidades de nuestro Ejército en misiones de paz por distintos rincones del mundo, como Líbano, Bosnia i Herzegovina, Kosovo, Iraq, y otros lugares que, por la poca entidad de nuestra representación, apenas si son citados en los telediarios y prensa escrita.

Ahora, primero con la sangrienta invasión de Ucrania, y, más recientemente, con el conflicto del Golfo Pérsico, nos vemos asaltados por un constante flujo de información e imágenes, y al tiempo un flujo de advertencias, a nivel nacional y europeo, sobre el estado deficiente de nuestras defensas si el orco ruso decidiera atacar a la UE, algo que en muchos casos se presenta como altamente probable en un futuro demasiado próximo como para quedarse indiferente. De ahí al rearme queda muy poco, y en ello estamos.

Aquí en Asturias la prensa se hace eco de declaraciones de políticos que nos promete devenir un polo nacional en la fabricación de blindados, particularmente los Transportes blindados de personal, como ese hoy famoso Dragón, aunque si ustedes se acercan -internet mediante- al campo de batalla ucraniano, observarán que allí apenas se usan, y el más exitoso, en cuanto al aprecio de los infantes de su ejército, el el Bradley, un diseño yanque de los años 80, con cadenas y una protección que aguanta dos impactos directos y salva las vidas de sus tripulantes. Allí lo que cuentan son los drones, de todo tipo, terrestres, navales y, por supuesto, aéreos.

Allí la guerra da un salto cualitativo, en cuanto a nuevos diseños y acciones electromagnéticas, cada tres meses, y cuantitativo, con casi un millón de drones fabricados al mes, y creciendo, de ahí mi escepticismo sobre el futuro de esos blindados asturianos. Casi como el de ese drone, dueño de los cielos de Iraq y Afganistán, el Reaper, del cual España ha comprado unos cuantos ejemplares y que los iranies han derribado en número superior a cincuenta. Ye lo que hay.

No viene el futuro por ahí, por los blindados, que seguirán siendo necesarios, pero en número muy inferior al que el antiguo campo de batalla marcaba. Estamos ahora en la era de la IA y los drones, también de los robots, humanoides, como esos que ya China prepara para el combate terrestre. Que no nos coja el toro.

Raúl Suevos

A 8 de septiembre de 2026

Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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