El serpiente

 

Los Balcanes representan el área geográfica más compleja y sangrienta del conjunto europeo. Una historia llena de periodos convulsos en los cuales, por regla general, los ríos y los arroyos se tiñen de rojo por la sangre derramada. Y así hasta hoy.

Mi primera visita fue en el 95, en Bosnia, siete meses con la agrupación Aragón, y más tarde, en el 2001, otros tantos en Kosovo, con la brigada Taurinense italiana. De esta etapa recuerdo con especial cariño la visita del presidente italiano, Ciampi, que había sido teniente allí, en Pecs, durante la Segunda Guerra Mundial.

Durante esos años, en los que me desempeñaba en el campo de la inteligencia/información, traté de empaparme de la historia y los sentimientos encontrados entre aquellas gentes, que habían dado para tres Guerras Balcánicas, a las que había que añadir el conflicto bosniaco y el del Kósovo. Y la mejor ayuda la encontré en “el Puente sobre el Drina”, la obra cumbre de Ivo Andric, que le valdría el Nobel, y también los “Fantasmas de los Balcanes”, del yanqui Robert D. Kaplan.

En Kósovo me encargaba de la cooperación cívico-militar, un trabajo que suponía moverse mucho y hablar con mucha gente, de las dos partes, y también de los miserables gypsies y rom, despreciados y abandonados por todos. Era un trabajo duro y agotador, pero gratificante en cuanto que, en ocasiones, percibías que habías logrado dar un poco, no mucho, de alivio a la durísima situación que mucha gente padecía.

En lo político era el UCK, el Ejército de liberación del Kósovo, el que cortaba el bacalao, y las fuerzas civiles de la ONU, y las militares de la OTAN, nos preocupábamos de sacar el día a día adelante, aunque tomábamos nota de quién era quién, y qué había hecho o fomentado. Porque, aunque los malos oficiales eran los serbios, a los que nosotros, la OTAN, habíamos bombardeado concienzudamente, hasta en la capital Belgrado, era notorio que los kosovares habían cometido también abundantes crímenes de guerra, de los que, en primera persona, eran responsables sus dirigentes, con Hashìm Thaci, alias el Serpiente, en primer lugar.

Aquel conflicto se fue apagando, y aquí, en España, una película de Calparsoro, Guerreros, dignísima pese al bajo presupuesto, nos traía a los soldados del América 66, ahogándose en la mierda de un conflicto de imposible solución. Mientras tanto, los crímenes acabaron en la Haya, y Taci, ya presidente, tuvo que dimitir, después fue llevado ante el tribunal, junto a unos cuantos compinches, y esta semana le han endosado 25 años, que espero que sirvan para darle el mismo final que a Ratkon Mladic. Otro carnicero, como él. Ye lo que hay.

Raúl Suevos

A 17 de septiembre de 2026

Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com 


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