Estado de ignominia
El estado, simplificando el concepto al máximo, es la forma como se organizan las sociedades modernas sobre un determinado territorio. En nuestro caso, España, nuestra Constitución dice que somos un “estado social y democrático de derecho”; definición en la que encontramos tres aspectos a cuál más importante, aunque ni es el sitio ni el objeto de esta tribuna profundizar en esa definición. Ahí lo dejo.
Más allá, en el artículo 116, en nuestro texto constitucional encontramos las situaciones en las que se puede encontrar el estado, que serían: el estado de alarma, el de excepción y el de sitio. El primero de ellos previsto, fundamentalmente, para situaciones de catástrofe natural; el segundo para graves alteraciones del orden público, con posibilidad de restringir algunos derechos; y el tercero, el estado de sitio, “ojo al dato”, para insurrecciones, actos de fuerza contra la soberanía, la integridad territorial o el ordenamiento constitucional; también con suspensión de derechos y, además, algunas garantías jurídicas. Siendo este tercer estado del que más se ha hablado estos días con ocasión del asalto llevado a cabo en la ciudad de Ceuta.
Toda esta larga introducción viene a cuento de proponer una cuarta situación, el Estado de ignominia, concepto éste, el de la ignominia, equivalente a la “afrenta pública”, algo que, según la propia academia, equivale o conlleva el deshonor, el oprobio o el descrédito. Y ahora, párense ustedes, sin siquiera ponerse en el lugar de los ceutíes, que son quienes directamente lo sufren, y analicen el mes largo de asalto y después ocupación de esa ciudad española. Una ignominia.
Y como quiera que la sucesión de situaciones extraordinarias de estos últimos años, desde el volcán de La Palma, pasando por la Dana, los incendios, la emigración descontrolada, Adamuz, el apagón, etc, en los que el estado -sus dirigentes- han mostrado una notoria incapacidad para lidiar con la resolución del problema, en cuanto a los efectos inmediatos, y después en relación con las medidas que puedan impedir o paliar su repetición, acabo por concluir que ese estado de ignominia, en el que en mi opinión, y con toda claridad, actualmente nos encontramos, tiene abundantes razones, en las flaquezas y agujeros negros de nuestro maravilloso y rimbombante “estado social y democrático de derecho” como para que pensemos que, en el futuro, nos vamos a encontrar en situaciones semejantes.
Anoche, en el programa más visto de la televisión española, nos mostraban un pelotón de robots humanoides moviéndose por el set y después bailando con un cuerpo de danzantes humanos, y el presentador nos alertaba sobre ese futuro que avanza a velocidad de IA y matemática cuántica. Y nosotros como en el 98, el del siglo XIX, estamos impreparados para lo que viene. Ye lo que hay.
Raúl Suevos
A 8 de septiembre de 2026
Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com
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