El Sky-line de Gijón
Hace ya unos cuantos años, pasamos una semana en Nueva York. Era el tiempo de los buenos cambios del dólar con el euro y nuestra economía, la familiar, pasaba por un buen momento. Me queda el recuerdo de las abrumadoras dimensiones de aquel mar de cemento, y también la inmensidad de las colas que había que hacer para entrar en las instituciones a visitar; también los precios, superiores entonces a los Uffizzi de Florencia, o similares europeos, con la excepción de la Hispanic Society, con su maravillosa sala de la Visión de España de Sorolla, y que, además de gratuita, apenas tenía visitantes.
Nos alojamos en un hotel bastante céntrico, en el piso 27, con vistas al rio Hudson y, para mi más interesante pues siempre me había maravillado la visión nocturna de la gran ciudad, con visión directa al mundo noctambulo de aquellos rascacielos llenos de oficinas y también apartamentos. Estábamos dentro del Sky-line de Nueva York.
La realidad es que, dentro dentro, de un sky-line, no se puede estar, pues se supone que ese anglicismo define la línea recortada sobre el horizonte que una determinada ciudad produce y que, en el caso de Nueva York, pasa por ser la más famosa del mundo, en sus dos versiones, con las Torres gemelas, y la actual, con el One World Trade Center. A mí siempre me fascinó la versión nocturna.
Ayer estaba el Muro de Gijón impresionante por la mañana. Un anunciado oleaje extremo había traído mucho público, al que se añadía bastante personal del gigantesco crucero, blanco resplandeciente, que el sol iluminaba en su atraque en la zona exterior del Musel, y que podía verse en toda su magnitud desde el Paseo. Aunque a mí, lo que más me gusta es el Muro nocturno, pues, si bien la cercanía no permite apreciar ese sky-line, que queda como patrimonio de los pescadores de chipirones, si que ofrece una visión de otra realidad de la ciudad.
Paseando el Muro nocturno, uno se percata de la baja ocupación de esa parte de la ciudad, posiblemente la más cara por metro cuadrado, y ello seguramente por el elevado número de segundas residencias que ahí podemos encontrar. Es una realidad que ataca el tejido social de muchas ciudades con atractivo turístico, donde el personal se ve obligado, por el coste de la vivienda y la cesta de la compra, a abandonar los centros históricos, devenidos joya turística, o la zona playera, como en Gijón, y con Venezia como ejemplo mundial, donde ya no se encuentra un veneciano en el centro histórico, todos se han ido a vivir a Mestre y Marghera.
Nuestro Muro tiene, a falta de ese Sky-line, a San Pedro como joya que remata el collarín urbano, deslumbrante cuando iluminado, y a mí, supongo, seguirá encantándome su paseo nocturno. Ye lo que hay.
Raúl Suevos
A 24 de octubre de 2026
Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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