El Solariego de los hutíes
A España no se le dado mal la industria de la Defensa. Nunca, en época moderna, hemos ido en el pelotón de cabeza, pero sí en el grupo perseguidor, y ahí muy bien situados. En nuestro haber está la invención del autogiro, y también el submarino, aunque, en ambos casos, la falta de visión política y de capacidad industrial nos dejaron sólo el recuerdo de lo que pudo ser. Ye lo que hay, supongo.
Existe, sin embargo, un aspecto en el que siempre hemos sido punteros, antes y ahora, y es el de las raciones de previsión; esas cajitas que el combatiente lleva, un poco como esas bolsas que les dan a los ciclistas en mitad de la etapa, y que, como ellos, el soldado se apresura a repartir en los diferentes compartimentos de su mochila.
Por las nuestras se dan bofetadas nuestros colegas internacionales, y en las bases compartidas en operaciones exteriores suelen ser objeto de trapicheo, como las desesperadas peticiones para ser invitados por el contingente español a las paellas que nuestra gente suele hacer los domingos. En todo caso, conviene resaltar que la calidad de las raciones viene de lejos.
En mi época juvenil, ya ha llovido, la ración, de la que no recuerdo toda la composición, tenía una lata de estofado de carne de vacuno de calidad extraordinaria; también una de sardinas que no convencía a todo el mundo pero que, con un agujero hecho con la bayoneta y un trozo de tela, se convertía en un duradero candil; eso sí, bastante oloroso.
Con todo, la pieza reina de la cajita era el botellín de cognac Solariego, recuerdo del Saltaparapetos o Asaltatrincheras que ambos bandos repartían antes del combate durante nuestra guerra incivil. Una practica común en todos los ejércitos a lo largo de la historia y que, en la Segunda Guerra Mundial ya empezó a desplazarse hacia el uso de distintas pastillas, con especial interés en las anfetaminas.
Ayer fueron noticia, una vez más, los hutíes de Yemen. Guerreros que ya se las tuvieron tiesas con las avanzadillas de Mahoma, y que siempre han tenido fama de indómitos e inconquistables, por eso, quizás, se dedican actualmente a matarse entre ellos; unos como delegados de Riad, y los otros de Teherán.
La información daba cuenta del bombardeo del palacio presidencial de Aden, proclive a los saudíes, por los hutíes partidarios de Irán; y lo ilustraba una fotografía con un grupo de fieros guerreros, de ojos encendidos y un prominente bulto en una de sus mejillas.
Era el kat, una planta arbustiva de propiedades similares a la hoja de coca que allí consume el 80% de los varones y muchas mujeres, y a mí me vino el recuerdo del Solariego y viejas historias de batallas.
Raúl Suevos
A 17 de octubre de 2026
Traducción en llingua asturiana en abellugunelcamin.blogspot.com

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