ELDIARIO que marca el SER de EL PAÍS
Cabría decir que la nación está atónita ante la magnitud de la catástrofe ferroviaria de la mañana de ayer; cuya dimensión total aún es desconocida pues, al parecer, un día después, siguen buscando desaparecidos bajo y entre los hierros del siniestro. Pero la realidad del sentir popular va más por otro camino, el de la asunción de la decadencia de los servicios, y el de la falta de dirección general al timón de la nave del estado. No hay sorpresa.
Venimos ya de varios años de fallos del sistema, con el resultado de muertos en cantidad sorprendente, pero, si ustedes lo comprueban, se darán cuenta que estamos ante el gobierno más refractario al uso de la dimisión o el cese. Nunca pasa nada tras el desastre. Si acaso el desencadenamiento de una campaña de comunicación institucional para aplacar el furor de la opinión pública, o para descalificar a la oposición política.
Esas campañas tienen como vehículos principales a distintos medios de comunicación que, con mayor o menor vehemencia y velocidad, y supongo que también en proporción a las adjudicaciones de publicidad institucional que reciben, se aplican a trasmitir las consignas o mensajes del gobierno, aunque, por aquello de la alternancia política, siempre intentan mantener una apariencia de independencia, por muy difícil que, en el caso de algunos, eso pueda llegar a ser creíble.
Ayer, en la primera comparecencia del ministro del ramo, el señor Puente, látigo twitero del gobierno, al contrario de cuando el desastre de Adamur, ya insinuó que estábamos ante un fallo humano, y apenas un par de horas más tarde, en un alarde de indecencia informativa, se filtraba la conversación del gestor en Madrid con los dos maquinistas implicados. Una exhibición de periodismo investigativo pensará algún indigente intelectual, y también una manipulación de la opinión pública en plena campaña electoral, opinará la mayoría.
Los tres grandes investigadores periodísticos, en un despliegue que deja en pañales a Project Syndicate, son, ElDiario.es para la rama digital, la Ser, para la radiofónica, y El País para el soporte en papel. Es la realidad, dirán algunos, y así es, aunque, tras esta desvergonzada muestra de “independencia” no tengo muy claro dónde queda su credibilidad.
La triste realidad que nos quedará -aún no hemos llegado a la cifra definitiva- es la de una Alta Velocidad que, desde aquel momento que deslumbraba al mundo, se encuentra ahora enfangada en un profundo pozo que no tengo muy claro, con la penuria económica que tenemos por delante, cómo podrá salir, aunque para ello, aquella vieja campaña del año 1973, “Papa, ven en tren”, que animaba a usar los servicios de RENFE en lugar del coche, mucho más peligroso, no servirá. Ye lo que hay.
Raúl Suevos
A 29 de octubre de 2026
Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com

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