Seis atunes, seis
Mi deporte favorito, quizás debiera decir el único, es el golf, practica que realizo habitualmente en esa maravilla que es el campo municipal del Tragamón, que sorprende, por esa condición de municipal, junto al de La LLorea, a todo forastero que lo visita; y también por sus otras características para el desarrollo de la actividad, que son excelentes.
Suelo ir allí varias mañanas entre semana, y este verano, como en los últimos, la conversación recaía en lo seco y duro que se encontraba el campo, algo que, en general, unos y otros, achacábamos a la falta de lluvia durante los meses estivos, si biren en el pasado no sucedía tan a menudo. Al fenómeno, cabría añadir, y esto es apreciación personal, que ya no hay rocío durante los meses de verano, especialmente julio y agosto. Ya nadie sale por la noche con la chaquetina puesta, o el jersey colgado al hombro, para prevenir aquella incomoda “roxada”, más fina que el orpín, pero que acababa por mojar la mesa de la terraza, y que también llegaba a los campos del Tragamón, con cuya humedad eran capaces de mantener el verdor durante el verano.
Este año, además de la desaparición de ese fenómeno, nos hemos encontrado con la playa de San Lorenzo cerrada en varias ocasiones por la llegada de carabelas portuguesas, con tanta frecuencia que ya el personal conoce la bandera roja especial que avisa de la presencia de ese antipático animal. Una frecuencia y cantidad muy superior a la de los últimos años. Ello es debido, según dicen los expertos, al calentamiento de las aguas del Cantábrico, algo que los bañistas constatan al entrar a las otrora frías aguas de nuestras playas.
Son indicadores de un cambio climático del que vienen alertando infinidad de estudios, muchos de los cuales hacen especial mención a la influencia que la acción humana ha tenido en ello, y que, sin entrar en profundidades, los gráficos de emisión de ese gas, el CO2, vienen mostrando desde que se estudian científicamente. Pero el asunto no parece importar al personal, pero, los gijoneses, al menos, deberían preocuparse. Al menos yo lo hago.
Lo hago porque, además de las señales mencionadas, este verano se han pescado seis atunes rojos en frente de nuestras costas, en la zona de Cudillero creo, con un peso que va de los 160 a los 220 kg, es decir, unos animalitos importantes. Y alguno dirá ¡albricias¡ podremos comerlo más fresco y barato, porque en eso de la gastronomía las modas también hacen estragos, y aquí, entre nosotros, tenemos mucho snob de la mesa que te da una conferencia sobre las partes de ese animal en cuanto te descuidas, olvidando que el bicho come caballa, sardina, bocarte, calamares y pulpos, que es lo que alimenta a nuestro bonito del Cantábrico, y que, aunque sean parientes, su mayor tamaño hará que el nuestro se vaya más al norte, poniendo en peligro la costera y haciendo subir el precio de la ventresca, que este año va a 45 euros la ración en restaurante. Ye lo que hay.
Raúl Suevos
A 18 de octubre de 2026
Traducción en llingua asturiana en abellugunelcamin.blogspot.com

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