Solape otoñal
Con esto del cambio climático el refranero, y el repositorio de dichos sobre el tiempo, se nos va quedando desvalido ante las nuevas e imprevistas situaciones que la meteorología nos aporta. Y ello por más que los técnicos nos vayan obligando a asumir nuevas denominaciones, como esa Dana que antes conocíamos como Gota fría, y que, tras lo de Valencia, nos quedará grabado para al menos una generación.
La última aportación, que yo sepa, ha sido ese Huracán mediterráneo, con el que medio aterrorizaron a los habitantes de la zona costera de Tarragona y Castellón la pasada semana, mientras aquí, en las Asturias, seguíamos en clave veraniega, sin importarnos que, supuestamente, el veranillo de San Miguel, estuviera cumpliendo con el calendario. Ya no sirve, el tiempo va a su bola, y, supongo, el veranillo de San Martín, el de noviembre, tampoco tendrá nada especial que señalar. Veremos.
Hoy el personal, poco, vas despavorido por las calles de Gijón. No se ve un taxi con su lucecita verde, todos están ocupados; y es que está cayendo lo que no está escrito, y así seguirá todo el día, según el pronóstico, lo que nos da lugar, en las tertulias para discutir sobre si a ese chaparrón impetuoso le corresponde el nombre de “bastiazu” o “tambascada”, problemática tan profunda como la que se puede producir sobre si esta sidra tiene más “espalme” que aquella otra.
Ayer, en cambio, el Muro lucía esplendido, con buena temperatura, un sol que acariciaba, y muchos paseantes, también algunos corredores, disfrutando el regalo de la naturaleza, casi como si intuyeran, o estuvieran al tanto, lo que hoy se avecinaba. Y allí abajo, en el arenal, el colectivo canino, en número lógicamente inferior al que se ve los fines de semana, disfrutando de su recién recuperado territorio playero, compartiéndolo con unos pocos bañistas cuyo número crecía en la Escalerona, donde algunos entraban al agua mientras otros ya estaban en la fase de secado. También unos pocos surfistas disfrutaban de unas olas pequeñas, regulares y previsibles, ideales, creo, para los que se inician en la actividad. Nada presagiaba un solape otoñal tan brusco.
El caso es que, pese a todo, los de aquí estamos acostumbrados a estas variaciones meteorológicas, es lo que tiene el Cantábrico, y sabemos que el asunto da sólo para veinticuatro horas, o poco más, no como el asunto de fondo, el que nos abrasará este otoño con una campaña electoral, que ya antes de comenzar, nos da elementos para pensar que, una vez más, nuestros políticos batirán marcas anteriores en cuanto a la bajeza de sus comentarios y, lo que es peor, sus acciones, como ese penúltimo conejo que el doctor Sánchez se ha sacado en la Diputación permanente para vendernos una preocupación por la vivienda que en ocho años no hemos visto. Ye lo que hay.
Raúl Suevos
A 7 de octubre de 2026
Traducción en llingua asturiana en abellugunelcamin.blogspot.com

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