El futuro se llama Annalena
Siempre que se habla de futuro hay que hacerlo con extremada prudencia pero, sin embargo y al contrario de lo que sucedía hace una generación, si además se le adjudica nombre de mujer, y en Alemania, parece que el futurible se hace más concreto y adquiere una solidez que lo hace más que probable. Podríamos hablar de certeza. Desde la creación de la Unión Europea el peso germánico ha sido imponente, salvo en cuestiones de defensa, área en la que siempre se han mantenido pasivos, constreñidos por su reciente pasado de guerras mundiales y por una Constitución eminentemente pacifista, en el resto de asuntos siempre ha habido que contar con el parecer de los teutones que, en la mayoría de los casos, han llevado el barco a su orilla, y si no, éste acababa hundido en la travesía. Recuerdo ahora la chaptalización, un proceso de añadido de azucares para ayudar a la fermentación del vino que el canciller Schroeder hizo aprobar en beneficio de los caldos tedescos, y que los países del s...