Es éste, aunque algunos piensen que está ahí desde siempre, un término relativamente moderno. Empezó a emplearse durante la última de las guerras balcánicas, la de Bosnia, que, no fue sino una más de la serie iniciada en el siglo XIX con el desmoronamiento del Imperio turco. Una guerra, la última, en la que nos vimos envueltos los españoles, con unas cuantas vidas dejadas por el camino, por aquello de nuestra aportación a la paz mundial trámite NNUU, y después OTAN. Allí, en realidad, no había limpieza étnica, pues étnicamente todos son lo que se conoce como eslavos del sur, por ello, entre otras cosas se había creado la vieja Yugoslavia; pero, aunque hermanos de sangre, las diferencias religiosas, con tres credos entre ellos, fueron suficiente para que, a la muerte de Tito, todo aquello se viniese abajo, con estrepito y gran profusión de sangre. El caso es que había que “purificar” la parte de cada uno, a base de expulsar a los otros. Y así los serbios tomaron la delantera, ...
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