El golf, ese desconocido
Ayer estuvimos de competición. El campeonato anual de golf de la promoción, que dicho así parece algo de cierta envergadura pero que, en realidad, no contó con suficientes participantes como para llegar a la media docena. Y eso que ya llevamos unos cuantos años con el empeño de que acabe siendo una tradición, aunque sea en el cementerio dada la edad provecta de los participantes.
Y es que el golf, entre los miembros del Ejército de Tierra, nunca ha sido una actividad habitual. A nosotros parece que nos va más lo tradicional: la carrera continua, ahora llamada running, los juegos de equipo tipo balonmano o similares, y en los últimos tiempos la bicicleta de montaña, que combinada con las carreras de orientación da resultados espectaculares para el interés de nuestro oficio.
Aviadores y marinos han contado, desde que Eisenhower visitó España, con bases aéreas y navales, en las que se construyeron campos de golf, y por eso nuestros colegas están más habituados. Porque, pese a esa aura de elitismo, con el que ni siquiera la figura de Ballesteros logró terminar, el golf es un deporte muy interesante para el oficio de las armas; tanto que en Corea del Sur hace tiempo que es deporte militar, por aquello de la coordinación, control de emociones y concentración. Y ahí estamos.
A mí la primera vez que me llegó noticia del golf fue en Barbastro, hace ya años, en el viejo “Valladolid 65”, hoy desaparecido. Descubrimos que un compañero, oficial de montaña, jugaba al golf, algo que él mantenía en prudente secreto, y que le valió invectivas varias, de carácter homofóbico, que hoy cuanto menos serían consideradas como muy inconvenientes, y cuanto más, quizás, motivo de una querella. Pero como el fondo, que no la forma, era cariñoso, la cosa no llegó a mayores.
Después, bastante después, me encontré en Cuba en labores cuasi diplomáticas, en las que el golf podía ser una herramienta más para mi trabajo, y a ello me dediqué con la pasión que nos inculcaron en la General, como mi amigo José Luis, con las mismas necesidades que yo, pero en el Cairo. Y mejores resultados en la gestión de esta actividad que este escribidor.
Lo de ayer fue un combate como los de los viejos tiempos, en el viejo campo yanqui de la Base Aérea zaragozana, zarandeados con un cierzo cortante que venía adicionalmente refrescado por la nieve reciente del Moncayo. Y que aunque sólo fuese por eso, el cierzo, nos hizo sentirnos jóvenes durante unas horas; las previas a una almuerzo con otros compañeros venidos a festejar, y regado con un buen vino de Somontano, como cumplía al lugar. Ye lo que hay.
Raúl Suevos
A 27 de marzo de 2025
Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com
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