Esencias
Un viejo ensayo de relato corto que no fue muy lejos.
ESENCIAS
Era una de mis primeras correrías en el Puesto al que había llegado no hacía mucho procedente de la
Academia; una de las duras, de las que se sabía la hora de comienzo pero no el final. Al fondo del valle se
adivinaba Campo de Caso, y las cuestas camino de la braña no parecían terminar nunca. El entorno de
aquellos valles, con gente todavía por el monte, ya no era el de unos años antes, con patrullas de
contrapartida y frecuentes encuentros con muertos y heridos, pero aún así no era cosa de descuidarse, y
eso añadía un cansancio adicional al que suponían los desniveles y el peso del equipo, con el tirante de la
bandolera de la pistola serrando el cuello mientras tratabas de no odiar la capa pensando que,
posiblemente, fuese imprescindible algo más tarde.
Álvarez, el Guardia primera, me avisó en cuanto lo avistamos allá al fondo, muy pegado a la linde del
bosque: “En ese caserío, casa Pachón, pasan información y a veces los acogen en casa, así que mucho
ojo”; por eso nos sorprendió algo más tarde la mujer corriendo que venía a nuestro encuentro. “Corran,
corran”; y tras mirarnos el uno al otro allí nos fuimos, sujetando el mosquetón con una mano y con la otra el tricornio.
No sospechamos que, en el fondo de la cuadra, nos íbamos a encontrar con el paisano de la casa mientras
peleaba tirando del ternero que no quería salir del cuerpo de su madre, que mugía de dolor. Álvarez, sin
pensarlo, me miró mientras se quitaba la guerrera y apoyaba el fusil contra la pared, a mi lado, y se puso a
tirar de las patas del choto hasta que el animal estuvo fuera y la madre, aliviada, se puso a lamerlo ante la
mirada desahogada del hombre y la mujer.
Era octubre, y ya estaba mayada la manzana; el agradecimiento vino en forma de sidra dulce fresca de
bodega, y unos semblantes francos y amigables que contrastaban con la adustez con la que éramos
recibidos en ocasiones anteriores. Algún tiempo después cayeron los últimos bandoleros del valle, y nadie
entendía como la Guardia Civil había conseguido la información para dar con ellos en aquel monte antes
hostil e impenetrable.
Pasado algún tiempo, estando yo de puertas y mientras los francos de servicio esperaban para Academias,
le pregunté a Álvarez por el asunto, pero no me contestó, sólo sonrió socarronamente, y yo entendí.
Octubre de 2022
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