América Nostrum
Desde los tiempos de Julio Cesar hasta la caída del Imperio
allá por el S.V, así era como los romanos conocían al hoy llamado Mar
Mediterráneo. Todas sus orillas estaban dominadas por sus prefectos, y sus
aguas por las trirremes de su Flota, así con mayúsculas, pues así era como se denominaba, como la de los EEUU, aunque estos, como tienen varias, las numeran.
Nada podía ocurrir en esos dominios sin su permiso, ni en el
Egipto de Cleopatra, ni en la Galilea de Jesús. Todo estaba sometido a su
poder. Un poder imperial que ha sido la base para la definición de lo que
entendemos como imperialismo: La dominación de un pueblo o estado sobre otro,
generalmente mediante la aplicación de la fuerza militar, económica, política,
o la combinación adecuada de todas o alguna de ellas. Ye lo que hay.
Hoy es difícil sustraerse a la intervención trumpista en
Venezuela, iniciada manu militari, con la detención y traslado a tierras
yanquis del usurpador presidente del país, y que, según palabras del ogro
anaranjado, irá seguida de una segunda oleada de características ignotas por el
momento. América nostrum, sin duda, o Doctrina Monroe modernizada, o lo que es
lo mismo, imperialismo en estado puro.
El caso es que la acción concita, creo, más simpatías que
acritud, pues casi todo el mundo está al tanto de los padecimientos de aquel
país, especialmente los ocho millones de refugiados salidos de allí en los
últimos años. Un país riquísimo hoy en casi absoluta miseria, y un presidente y
régimen, sin legalidad ni legitimidad alguna. Parece lógico tomar el asunto con
esperanza.
El problema es que eso del imperialismo es cosa de imperios,
y con este movimiento cabría esperar que China se encuentre legitimada para
invadir la pequeña Taiwán -28 millones de habitantes- y por supuesto que Vladimir
Putin se sentirá más que respaldado en su invasión de Ucrania, dejando a
Europa, ese objeto político siempre a medio construir, en mitad de eso que en
el campo de batalla llaman Tierra de nadie. Habrá que espabilar. Habrá que
respaldar a Ucrania hasta el fin. Habrá que crecer. Y es que esta gozosa
intervención yanqui, de las que tanto Bolívar como José Martí ya advirtieron,
abre la puerta a un mundo en el que la potencia militar, como antaño decían de
la artillería, se convierte en la última ratio regis. Y si hoy es Venezuela,
mañana, al menos en tiempos de Trump, podría ser Groenlandia.
Helicópteros por encima del cielo nocturno venezolano y ni un
disparo de respuesta. Habrá que esperar a ver qué hace Vladimir Padrino, el
ministro de defensa, que seguro que le preocupa el futuro; el personal quiero
decir.
Raúl Suevos
A 3 de enero de 2026
Traducción en llingua asturiana en abellugunelcamin.blogspot.com
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