El maestro armero

 

Cuando se extendió el uso de las armas de fuego en los ejércitos, las frecuentes averías y problemas diversos que éstas producían dieron lugar, por necesidad, a la aparición de un tipo de especialista dedicado exclusivamente al cuidado de tales artefactos; era el maestro armero, que ha llegado hasta nuestros días, aunque ya no se le denomine de esta forma.

Como quiera que las armas daban abundantes problemas era algo muy frecuente enviar, al que sufría el problema, a ver al maestro armero, con tanta frecuencia que acabo por ser una expresión corriente que, hasta hoy, se utiliza para evitar una respuesta por inconveniente, o simplemente porque no se tiene. Vete a ver al maestro armero.

Hace años me encontraba al mando del Batallón multinacional del Cuartel General del Eurocuerpo. Durante unas maniobras de especial importancia por las implicaciones de puesta a punto de las transmisiones, fundamentales cuando de trata de dirigir un Cuerpo de Ejército, y desarrolladas en Bitche, norte de Francia, nos cumplía la responsabilidad de poner en marcha el Cuartel General, para lo que contábamos, entre otros medios, con un grupo de generadores que, teóricamente, podía suministrar energía a una ciudad de 45 mil habitantes. Pero la lluvia vino a complicar la historia.

Aquello no tiraba. Las enormes cajas interfaz, teóricamente estancas, en realidad no lo eran. Los generadores saltaban y aquella enorme maquinaria de combate, sin energía, no era capaz de ponerse en marcha. Hasta que un cabo alemán, responsable de aquellos elementos, tuvo la idea de abrigar las cajas con bolsas de basura. Y voilá, solucionado.

El retraso fue de horas, pero un día después el ejercicio seguía sin arrancar, por lo que se convocó una reunión con implicados y responsables de áreas, a la que acudí con animo de condenado. Allí di cuenta del problema inicial y su solución, y, cuando parecía que iba a ser sometido al escarnio público, mi superior en la estructura, con más información que yo, explicó que el retraso de más de un día se debía a la sofisticada y casi imposible maniobra electrónica y digital que los responsables de esa área había diseñado, y que trataban de mantener, hasta entonces, fuera del conocimiento general.

Era un caso para reclamar al maestro armero, o en este caso al cabo Schmitz. Los verdaderos responsables callaban, esperando que la tormenta pasase y fuesen otros, en este caso yo, los que corriesen con el gasto de la responsabilidad. Un poco como nuestro gobierno, que ni en la Dana tuvo a bien mojarse, ni en el apagón ha recibido un chispazo, y ahora, con el sangriento desastre de Adamuz, busca un maestro armero que resuelva el problema, o mejor, que cargue con la responsabilidad. Ye lo que hay.

Raúl Suevos

A 23 de enero de 2026

Traducción en llingua asturiana en abellugunelcamin.blogspot.com


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