54 años después
La fecha se ha ido por unos pocos días. Fue el 13 de febrero de 1972, en Sapporo, Japón, cuando Paquito Fernández Ochoa ganó la medalla de oro en Slalom, para sorpresa del mundo y, particularmente, de los españoles. Era muy bueno.
A mí el asunto me pilló en Oviedo, disfrutando el internado de los escolapios del Loyola, pero con salvoconducto para los domingos escaparnos a Pajares, en mi caso con el autobús del CAU, el club atlético universitario, a esquiar, o algo parecido para los que el presupuesto sólo nos llegaba para avanzar en plan autodidacta.
Esperando la salida del autocar, allá arriba, a la altura de Llamaquique, tuvimos tiempo para ver en directo el descenso, creo recordar que la segunda manga, de Paquito. Una emoción que nos llevó en volandas en aquel viejo Setra Seida hasta el Brañilín. Allí, en Pajares, la realidad del autodidacta empapó los sufridos pantalones de pana, y ablandó las botas de cuero de segunda mano. Poco importaba, la juventud y las ganas podían con casi todo, aunque aún no se hubiera puesto en marcha lo del skipas y el encargado del telearrastre de la Picorota cobrase los duros directamente a su faldriquera de cuero. Otros tiempos, tan viejos que no recuerdo cómo se pagaba la silla del Cuitu Negru.
Hoy contemplo, también en directo, el triunfo general de nuestro sky de montaña, llamado skimo en términos de competición deportiva, y en lo que, visto la exhibición de hoy, somos una potencia. Allí, en Bormio, en medio de los Alpes italianos, hemos podido exultar, después de 54 años, con el desempeño magistral de nuestros esquiadores, aunque, para mí, el regocijo se haya diluido con la noticia de un viejo amigo, montañero militar, que hoy, sorpresivamente, ha perdido la batalla en la que estaba empeñado con la enfermedad. Ye lo que hay.
La exhibición, espectáculo deportivo, me ha parecido impresionante desde el punto de vista visual, aunque la nevada que caía haya deslucido un poco la imagen, pero dos minutos y medio, que es lo que dura, más o menos, la prueba olímpica, nos deja un cierto sabor a poco a los que hemos disfrutado y sufrido las agotadoras subidas y los inolvidables descensos en nieve virgen. Unas imágenes, las olímpicas, que me hacen pensar que, quizás, en las próximas, organizadas por Francia, potencia en estos deportes, es posible que veamos aparecer una prueba en la que se pueda apreciar más y mejor la dureza, el esfuerzo y la belleza de este deporte.
Mientras tanto, disfrutemos el éxito de nuestros esquiadores, el oro de Oriol y el bronce de Ana.
Raúl Suevos
A 19 de febrero de 2026
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