El descarrilamiento de la marca España
Lo de la Marca España fue un invento de Carlos Espinosa de los Monteros, un empresario y aristócrata que echó el resto al frente institucional del asunto sin llevarse un duro -no lo necesitaba- al bolsillo. Después, con la llegada de un gobierno regresista al frente de los designios de la nación, el negocio pasó a ser una secretaría de estado, con tanto de pecunio para su dirigente, a cuya cabeza creo recordar que estuvo la biógrafa de nuestro inabordable presidente de gobierno.
El concepto en el mundo empresarial, de donde provenía Espinosa, se equipara a la Imagen y reputación corporativa, algo que tiene enormes implicaciones en los resultados de la empresa de que se trate, y que puede llevar a auténticos cataclismos internos en función de las repercusiones, especialmente las negativas, que algunos sucesos puedan tener para la imagen de la marca. Ye lo que hay.
Escribo esto después de ver la inauguración de la Olimpiada de invierno en Milán, también, al mismo tiempo, en Cortina d’Ampezzo. Todo un estallido de marca Italia, un paroxismo de exaltación de lo italiano en medio de un evento de alcance global, como son las Olimpiadas, y ello pese al hieratismo marmóreo de Mariah Carey en su breve intervención y cantata, en italiano, por cierto. Y es que los italianos saben lo que importa la imagen institucional.
Nosotros íbamos embalados en nuestros trenes de alta velocidad, a punto de llegar a los 350 km/hora, según anunciaba nuestro ministro del ramo. Y obnubilados quizás en esa tremenda velocidad, y en las cifras enormes que los voceros gubernamentales nos repetían, como el PIB o los millones de turistas, llegamos a pensar que éramos la punta de lanza de Europa, incluso de Occidente. Hasta que, por la cola, el tren empezó a descarrilar. Y ahí todo fue un Ay.
Ayer veía las imágenes, con esa Meloni, despreciada por casi todos cuando llegó al gobierno, y ahora envidiada por los gobernantes europeos por su desenvolverse en el campo internacional, en el palco de San Siro, y no podía menos que pensar en cómo nuestro presidente tiene que recurrir a foros tercermundistas y proclamas populistas -compradas por todo el mundo y sin nadie que sepa como llevarlas a cabo- que le den- un recorrido temporal en las páginas de los medios de comunicación.
Detrás del escaparate nacional, puesto en evidencia por el desastre de Ademuz, antes por la debacle de la DANA, van apareciendo las grietas que la falta de mantenimiento en todo tipo de infraestructuras deja al descubierto, tanto en esas vías, responsables primeras del accidente, como en carreteras, como en las presas y pantanos, como en puertos y aeropuertos. Todo se cae, todo es un descarrilar, y de la marca España, por el momento, mejor no hablar.
Raúl Suevos
A 7 de febrero de 2026
Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com
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