Entre grullas y marmotas
Supongo que la mayoría de quienes leen estas líneas tendrán oído hablar de Phill; esa marmota de Pensilvania, uno de los estados del norte de los EEUU, y por lo tanto de clima bastante frío, que todos los años nos traen a los medios de comunicación para contarnos, en función de lo que tarda en refugiarse de nuevo en su madriguera, de la llegada de la primavera, o, visto desde el otro lado, del fin del invierno.
A mí, este domingo, me pilló con la misión autoimpuesta de ir a la caza y captura de un par de sfogliatelle; postre italiano que les recomiendo fervorosamente, y que de la mano de unos italianos ha llegado a Zaragoza hace no mucho, donde paso estas fechas de borrascas y vientos casi huracanados. Así que, con la fuerza que da el tener un objetivo que alcanzar, me lancé a atravesar media ciudad, empezando por la plaza de San Francisco.
Allí, en ese centro neurálgico de la ciudad en diferentes aspectos, me reencontré con el mercadillo tradicional de monedas y sellos, que hace ya tiempo que se ha ampliado a cartas de juegos de rol y similares, pero, para mi sorpresa, he descubierto ahora el punto de intercambio de cromos; una zona donde un montón de críos, acompañados de sus padres -pocas madres vi- se dedican a buscar y cambiar las piezas que les faltan para completar sus colecciones de futbol, las de toda la vida.
Después, camino del barrio de Delicias, con un cielo azul tapizado de rápidas masas de algodón blanco, fue el canto de las grullas lo que llamó mi atención. Iban en todo lo alto ¿a doscientos metros? En formaciones abigarradas en uve, soltando sus gritos agudos, que supongo que les servirán para ubicarse dentro de la organización y no perder el ritmo. Pasaron varies de ellas camino de los Pirineos, en dirección a sus zonas de crianza en el norte de Europa y olvidando por unos meses les zonas de hibernación españolas, en lo que es y supone un anuncio, normalmente mucho más efectivo, aunque menos televisivo, que les salidas anuales de la marmota Phill.
La experiencia de los viejos, por lo menos en esta tierra, dice que este movimiento, el de las grullas, es un indicador casi infalible del avance estacional, y supongo que en conjunción con lo que los meteorólogos anuncian, que el anticiclón de las Azores, por fin, se posiciona en su zona tradicional. Podríamos pensar que el aparentemente inagotable tren de borrascas atlánticas está a punto de desvanecerse por este año. Vamos ver.
Entre grullas y marmotas, y a pesar de todas las que tenemos en el Pirineo, creo que, para los urbanitas, son las primeras mucho más prácticas y abordables. Ye lo que hay.
Raúl Suevos
A 15 de febrero de 2026
Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com
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