Los Castro en busca del tiempo perdido
Era el 15 de abril de 2015, en Panamá, y se celebraba la Cumbre de las Américas. El que se supone el mayor foro de encuentro posible entre líderes de los estados americanos. Y aquel año tenía especial importancia porque acudían Obama y Raúl Castro, con el interés encubierto de atraer de nuevo a Cuba a la Organización de Estados americanos, OEA, con sede en Washington y a donde se pretendía reintegrar a los cubanos a continuación.
La ocasión dejó una foto del encuentro personal entre los dos líderes, rodeados por el anfitrión panameño, Ban Ki Mon, Secretario general de las NNUU, cerquita un dicharachero Correa, y detrás de Raúl un tipo de bigotito, gafas, y amplias entradas, Raúl Castro Ospín, hijo del mandatario y por aquel entonces coronel de la Inteligencia cubana; al fondo también se observa a otro Raúl Castro, éste más joven y de alias el Cangrejo, jefe de la seguridad del líder cubano y también nieto del mismo.
El encuentro fue un éxito, y antes de un año Obama visitaría la isla. Parecía que el deshielo había llegado, aunque en el Caribe nunca hiela. Y con ello los cubanos se lanzaron a construir hoteles de cinco estrellas con el escaso presupuesto nacional, créditos, e inversiones directas de cadenas internacionales. Pero el tiempo pasaba y el cambio ni siquiera se hacia aparente. Y Obama se fue, por cierto, endureciendo las condiciones para los refugiados cubanos llegados a los EEUU en su última semana presidencial, y después apareció el ogro anaranjado.
La situación parecía preocupante, pero Trump llegó hasta hablar de construir campos de golf, así que… a seguir construyendo cinco estrellas. Después vendría Biden, y los balseros siguieron llegando a Cayo hueso y también al Yucatán. Y de repente vuelve Trump. Un Trump mucho más agresivo e intolerante, con intención de poner el mundo patas arriba, empezando por Venezuela, o mejor, su petróleo. El petróleo que alimentaba la hambrienta isla de los Castro, que apenas produce el 30% de sus necesidades.
Ayer anunciaron que no tienen combustible para repostar los aviones que entren en Cuba. Los turistas, los pocos que llegaban, huyen en las últimas aeronaves. De los apagones, por reiterados, ya apenas se habla, pero cabría preguntarse cuantas granjas solares o aerogeneradores se hubiesen podido construir, en lugar de cinco estrellas, si los Castro hubiesen sido más avispados. Hoy la energía verde cubana representa un exiguo 5%. Ye lo que hay.
Dicen que Alejandro Castro está en Méjico. Dicen que busca un puesto parecido al de Delcy. Dicen que en Cuba, por mucho que Bad Bunny cante, no hay ganas de reggaetón. Dicen que la cosa está muy jodida.
Raúl Suevos
A 11 de febrero de 2026
Traducción en asturiano en abellugunelcamin.blogspot.com
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