Una fotografía aragonesa


Estos últimos días, tras el tren de borrascas atlántico y el inicio del deshielo en los Pirineos, son varias las imágenes de la crecida del rio Ebro pasando con alguna de sus crecidas a través del milenario puente de piedra y la basílica del Pilar que me han llegado a través de las redes o, directamente, con los medios de comunicación generalista. Ninguna de ellas me ha impresionado, quizás por conocidas y también porque las riadas han sido calificadas como normales.

Hoy, ya aparentemente superado el evento climatológico, es la política la que, como es habitual en nuestra patética España, toma las portadas de los diarios, esta vez con la imputación del número uno de la escala profesional de la Policía nacional, el DAO, por una supuesta violación a una subordinada y antigua relación afectivo-festiva. Ye lo que hay.

Y entre el aluvión de imágenes me quedo, por darse una coincidencia curiosa, con una fotografía de hace ya unos años, en plena epidemia del Covid, durante la corta fase en la que “el puto amo” decidió que saliesen diariamente a dar la cara ante las cámaras tres importantes cuadros de la administración del estado. Los dos máximos responsables profesionales de Policía y Guardia Civil, y el director del Centro de coordinación de emergencia y alertas sanitarias del ministerio de Sanidad.

En ella tenemos, sobre el estrado desde donde informaban y respondían a la prensa nacional sobre los sucesos y evolución de la epidemia, a este DAO policial, hoy cesado al conocerse la denuncia aceptada en el juzgado hace ya un mes, que en sus últimos tiempos se había perpetuado en su cargo, más allá de lo antes estipulado por la normativa vigente, por su estrecha relación con el ministro Marlaska, y que en su anterior etapa profesional había sido el máximo responsable de la policía en Aragón.

A su lado, tomando la palabra en la fotografía, ese Fernando Simón, que pasará a la historia por ahuyentar de nuestra mente el miedo afirmando, cuando ya la epidemia hacia estragos en Italia, que probablemente no llegaría a España, y si lo hacía sería cosa de unos pocos casos, algo que, sin duda, no le otorgará una plaza de mérito en la historia epidemiológica de nuestra nación, pero sí en la de los profetas, los fallidos, claro. Aunque en su ciudad natal, la de la Pilarica, aún le tienen un cierto cariño.

Detrás de él encontramos al entonces DAO de la Guardia Civil, el teniente general Laurentino Ceña, de origen gijonés pero afincado hoy en la vieja Cesaraugusta, que unos días después se dimitiría ante el abuso perpetrado por Marlaska con el coronel Pérez de los Cobos. Conformado un trio en aquel momento coincidente pero de trayectorias divergentes, y de fácil valoración individual, visto lo visto. Fotografías.

Raúl Suevos

A 18 de febrero de 2026

Traducción en asturiano en abelllugunelcamin.blogspot.com 

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