Carlos se ha ido a galopar
Carlitos es el Charli, el Charli Ruiz Lapresta, uno de los grandes jinetes de nuestra promoción, es decir, de Caballería, un arma con escasos elementos, y la escasez, ya se sabe, es en sí misma una nota de distinción. Pero Carlitos tenía elementos propios para hacerse distinguir. No era natural de Zaragoza, aunque se había mimetizado y físicamente respondía a lo que uno espera que sea un maño. Un cuerpo recio y cuadrado; royo le dicen en Aragón, con una cara ancha y de expresión bonachona enmarcada en una sonrisa; una cara que parecía hecha para llevar permanentemente puesto un cachirulo a la cabeza, el pañuelo aragonés. Carlitos y yo nunca coincidimos en la vida profesional. Nos rozamos hace ya años, jóvenes comandantes, cuando, recién adquirido el reconocimiento oficial de lengua francesa pasamos a estar en el disparadero para ser enviados forzosos a Ceuta. A ninguno de los dos nos apetecía y un matiz, que ya no recuerdo, nos hacía dudar sobre cuál de los dos sería el agr...